CARTA ABIERTA
La administración estadounidense notificó ayer al gobierno mexicano su negativa a extender la vigencia del T-MEC hasta el año 2042. Ahora el acuerdo comercial mantendrá su validez legal hasta el 2036, cuando concluye el plazo original de diez años contemplado en el tratado desde su entrada en vigor. La decisión de Washington pone freno a las expectativas de certidumbre a largo plazo que buscaban los exportadores en México.
Al limitarse la vigencia al período ya establecido, se mantiene vigente el mecanismo de revisión periódica del tratado, lo cual añade una capa de volatilidad política y económica. Analistas señalan que esta postura es un mensaje de presión por parte de Donald Trump, en un contexto donde persisten las tensiones sobre el combate a los cárteles, la extradición de narcopolíticos y el déficit comercial.
En el sector empresarial mexicano hay inquietud ante la posibilidad de futuras renegociaciones más exigentes, lo que podría condicionar los flujos de inversión extranjera directa hacia el país. Además, se prevé que el gobierno de Estados Unidos, aprovechando su ventaja económica, logre ganar terreno en las negociaciones año tras año.
El virtual fin del T-MEC es un fracaso para el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y deja un escenario adverso porque la incertidumbre es el mayor enemigo de la inversión productiva, de la generación de empleos formales en México. Ebrard buscaba concretar una extensión de 16 años adicionales de vigencia para el tratado, pero no sólo no lo logró, sino que la administración estadounidense ya ha puesto sobre la mesa sus quejas tradicionales respecto al déficit comercial y la asimetría estructural entre ambas economías.
Ya lo dijo el panista Ricardo Anaya, coordinador de su partido en el Senado: la urgencia del tema radica en la profunda interdependencia comercial, donde el 84% de las exportaciones mexicanas van a E.E. U.U. Se estima que alrededor de 15 millones de empleos y el sustento de igual número de familias están vinculados directamente a la operatividad y salud del T-MEC.
La lamentación por el fin del tratado se extiende con un llamado enérgico al gobierno federal para que redoble esfuerzos, priorizando la protección de los empleos que dependen de una relación bilateral que ahora ha quedado en el limbo, con todas las consecuencias económicas que ello implica para nuestro país.

