CARTA ABIERTA
Andy López Beltrán decidió responder de frente a las acusaciones que lo vinculan con un supuesto entramado criminal relacionado con el huachicol fiscal. Lo hizo con una frase breve: “No tengo nada que ver”. A partir de ahí, planteó una pregunta que merece atención: ¿dónde están las pruebas?
El hijo de AMLO sostuvo en una entrevista que no pertenece a alguna estructura de esa naturaleza, y rechaza cualquier vínculo con las operaciones que algunos medios han difundido.
Cuestionó la dimensión económica que se le atribuye. Si se habla de un billón de pesos, planteó, tendría que existir una explicación sobre dónde está ese dinero y cómo pudo generarse. Un supuesto patrimonio de esa magnitud, señaló, difícilmente podría ocultarse mientras su actividad política transcurre en Tabasco, recorriendo comunidades y entregando el periódico Regeneración.
Más allá del tono político que rodea el caso, Andy calificó las acusaciones como “una locura, una calumnia y una gran mentira”. Su defensa tiene, por ahora, el carácter de una respuesta política y personal ante señalamientos que considera falsos. Su posición merece ser considerada exactamente por lo que es: una negativa firme y pública.
Además, Andy habla en medio de una coyuntura: busca su primera elección para llegar a la Cámara de Diputados y lo hace bajo una atención mediática superior a la que tendría cualquier candidato. El apellido le agrega otra dimensión a cada declaración y a cada movimiento partidista.
Dice que lo atacan por ser hijo de López Obrador, y asegura ser una parte central de la transformación misma. Así, él ha fijado una postura.
: LA RÚBRICA
El Senado tuvo ayer miércoles su función de lucha libre. El morenista Arturo Ávila y el priista Carlos Mancilla cambiaron los micrófonos por los empujones, los argumentos por los gritos y la discusión política por una escena que exhibe de fea manera a nuestra clase política. Todo ocurrió después de que Ávila reclamara en una entrevista acelerar el desafuero de Alejandro Moreno. Mancilla respondió con acusaciones contra el morenista y el intercambio terminó entre jaloneos, reclamos y amenazas. Arturo acusó a la oposición de carecer de agenda. Mancilla respondió que Morena pretende silenciarlo. Uno habla de fuero, otro de censura. La escena tiene mucho de comedia. Mientras el país espera respuestas sobre seguridad, economía, justicia y servicios públicos, sus representantes ofrecen una pelea de barrio. Y todavía falta bastante para 2027. Si esta es apenas la previa electoral, habrá que tener listas las palomitas para lo que viene.

