VOCES AL VIENTO
No es la primera vez que trato en este espacio un punto importante de nuestro sistema de gobierno: cuando un servidor público tiene aspiraciones de ocupar un cargo de elección popular, la exigencia principal es renunciar con bastante tiempo a la plaza, porque no debe ser burócrata.
Tales son los casos de Daniel Arturo Casasús Ruz, quien se venía desempeñando como titular de la Secretaría de Ordenamiento Territorial y Obras Públicas, y Jorge Orlando Bracamontes Hernández, actual diputado local y presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local.
Nadie en sus cabales dejaría un cargo de ese nivel para irse a una aventura si previamente no le aseguran el triunfo en el cargo al que aspira.
La semana pasada, el teatro al aire libre del parque La Choca se llenó de algarabía porque, con o sin el consentimiento de la autoridad electoral, les alzaron las manos a los dos aspirantes a la alcaldía de Centro, demostrando de esta manera la unidad, el compañerismo y la convicción de que no hay divisionismo al interior del partido político que los arropa.
No se ve entre ambos contendientes ningún rasgo de malestar, egoísmo o rencor porque en estos momentos son competencia; pero está claro que Bracamontes Hernández será alcalde y Casasús Ruz será diputado. De esta manera tienen la seguridad de que ninguno se quedará sin chamba.
Y yo me pregunto: ¿para qué es entonces el proceso electoral si ya el dedo divino les dijo «ustedes van a ser»? Y alguien me respondió por ahí, entre la muchedumbre: «Es para justificar el dinero gastado y dar legalidad a los nombramientos, porque de que van a ser ellos los «gananciosos», lo van a ser».
FINALMENTE, les comento, platiqué con algunos estudiantes de prepa y les pregunté cosas tan sencillas como: ¿cuántos poderes integran el sistema político mexicano?, ¿cuántos estados tiene nuestro país?, ¿qué es un diputado y cuál es su función? Las respuestas no me dieron coraje, me dieron tristeza.

