CARTA ABIERTA
El pevemista Manuel Velasco definió a Omar García Harfuch como «el Pedro Infante de la política», con lo que en realidad puso sobre la mesa el análisis adelantado que definirá la sucesión presidencial, donde las relaciones con el vecino del norte jugarán un rol de primer orden.
Ante el avance de la derecha en el continente, promovido por el gobierno de Donald Trump, la estabilidad de México es una prioridad para un Washington que sigue acotando los márgenes de la izquierda. Aquí es donde el perfil de García Harfuch emerge como una carta fuerte, ya que su postulación no sería vista con malos ojos en el exterior.
Su desempeño destaca por una estrecha colaboración con Estados Unidos en operativos de alto impacto contra el crimen organizado, incluyendo el decomiso de tecnología delictiva como drones, incautaciones de droga y la captura de capos de élite.
Para las agencias estadounidenses, este historial es certidumbre. En lugar de apostar por una ruptura institucional drástica que desestabilice a México, los gringos suelen valorar transiciones fluidas.
Un precedente como este se observa en los planes políticos aplicados en Venezuela, donde personajes del propio régimen oficialista, como Delcy Rodríguez, son hoy los canales de entendimiento.
La postulación de Harfuch podría significar para EE. UU. una evolución hacia la moderación dentro de la 4T, garantizando la continuidad del proyecto político de Morena pero bajo un enfoque más hacia el centro, sin ser un riesgo para sus intereses.
Pero el secretario de Seguridad, considerado el cuadro de mayor confianza de la presidenta Claudia Sheinbaum, enfrenta el reto de consolidar su legitimidad frente al ala dura del oficialismo. Este sector, con fuerte arraigo en la línea de Palenque, ha mostrado reticencia hacia perfiles como el suyo, que considera ajenos, sin la confianza necesaria.
Si la postulación de Harfuch fuera intratable en el oficialismo, los análisis en el gobierno de Donald Trump apuntan hacia opciones moderadas de oposición, como Luis Donaldo Colosio Riojas, de Movimiento Ciudadano.
Al final, la fuerza de Harfuch radica en su capacidad de ser el puente perfecto entre las demandas de soberanía de la 4T y las realidades de un buen entendimiento con nuestro principal socio económico.
Lo que nadie puede negar es que Estados Unidos estará muy atento al curso de las dos próximas grandes elecciones en nuestro país. Quien piense lo contrario es un soberano despistado.

