CARTA ABIERTA EXPRÉSS
En la carrera por la candidatura de Morena a la alcaldía de Centro, Daniel Casasús acaba de enviar un mensaje que tiene destinatario, aunque el nombre de este no sea mencionado. Sin embargo, para la militancia guinda es Jorge Bracamonte quien debería sentirse aludido. Y motivos sobran.
El mensaje, enviado ayer jueves por redes en el marco de una asamblea vecinal, contiene varios recados que encajan con el comportamiento que el presidente de la Jucopo ha mostrado en los últimos días, con una postura más provocadora y retadora que amenaza con convertir la contienda interna en un campo de confrontación.
Casasús comenzó su mensaje del jueves por la antigüedad. Recordó que hace más de quince años participaba en la construcción del movimiento que hoy gobierna el país. La referencia tiene filo: mientras él reivindica sus raíces morenistas, Bracamonte daba sus primeros pasos en el PRI, pasando después por el PRD y terminando en Morena. Una trayectoria que sus críticos interpretan como la de un trapecista, capaz de cambiar de plataforma conforme cambia el viento.
El segundo recado apunta a las formas. Casasús habló de humildad, honestidad, tolerancia y respeto, pero puso especial énfasis en la soberbia y la arrogancia. La descripción parece hecha a la medida de un diputado cuyo estilo confrontativo se ha acentuado durante la disputa por la candidatura. Su investidura legislativa le concede poder institucional; la cuestión es si también le ha hecho creer que puede imponer condiciones dentro de su partido.
Hay otra referencia todavía más incómoda. Casasús reivindicó a quienes nunca estuvieron en contra de la transformación. La frase remite a los años en que López Obrador denunciaba a la llamada Mafia del poder y coloca sobre la mesa el pasado político de quienes, como el caso de ‘Braca’, compiten hoy cómodamente por representar a Morena.
El golpe más directo llegó cuando cuestionó a quienes se sienten con derecho divino a cosechar lo que otros sembraron cuando sumarse al movimiento significaba remar a contracorriente. Ahí aparece la disputa por la legitimidad: una cosa es incorporarse a un proyecto cuando ya está todo hecho y otra haber acompañado su construcción durante los años más difíciles.
El cierre de Casasús tampoco deja mucho espacio para la duda. Recomendar a los acelerados que se serenen, tomen un té de tila y pongan los pies en la tierra equivale a pedirle al ex priista y experredista que modere sus ímpetus antes de que su propia conducta complique sus aspiraciones.
Casasús ofrece así una lección de humildad a su adversario en la carrera interna. La candidatura de Centro sigue en disputa y ambos tienen derecho a buscarla. Pero la fuerza de una aspiración también depende de cómo se legítima ante la base militante. Y es que el pasado de cada aspirante forma parte de la competencia.

