El Tutupiche
El costoso avión presidencial ni se pudo vender, ni se pudo rifar, solo apareció en los cachitos de lotería, pero eso no impide que el Pejidente tenga otra idea para así sacarle provecho: se rentará para bodas, fiestas y viajes ¡no totól!
Como se recordará, el avión presidencial fue comprado, quizá en una borrachera despilfarradora de recursos económicos, por el expresidente Felipe Calderón; el Pejidente dijo que llegando sería lo primero que vendería, pero sinceramente no son como vender doraditas en el nuevo aeropuerto o en un festival de antojitos en Los Pinos.
Es tan costoso o quizá tan remodelado, que no ha gustado ni a los jeques árabes, ni a los zares rusos, ni al rapero o reguetonero más cotizado del momento, por lo que decidió mejor, como casi todo, entregarlo a las Fuerzas Armadas para que ‘armen las pachangas’ a través de la empresa Olmeca-Maya-Mexica y demás pueblos indígenas que se le anexen en el futuro.
La idea no es mala si desde el punto de vista algún día fuéramos invitados a una suntuosa boda o quince años, o un viaje de placer, pero seguramente los costos de renta serán muy elevados, y por lo tanto solo los Fifís podrían pagarlo.
Quienes formamos parte del pueblo a partir de la clase media para abajo o pertenecemos a cualquiera de los 68 pueblos indígenas, difícilmente seremos invitados a conocerlo, y mucho menos a disfrutar de una pachanga o de un viaje; ni haciendo una coperacha, como pa´ las caguamas, nos daría pa´ la llanta de repuesto del tren de aterrizaje, si acaso pa´ las tlayudas que venden afuera.
Lo único que nos quedaría es verlo pasar volando y al estilo de ‘Tatú’, el enanito de la vieja serie televisiva ‘La Isla de la Fantasía’, diríamos en coro: ¡el avión, el avión!
Tal vez si lo pusieran en un hangar del nuevo aeropuerto pa´ que de perdida lo conociéramos y nos tomáramos fotos, como cuando vamos a un museo, podríamos conocerlo.
Ahora que si las pachangas que organicen los ricachones, les alcanza pa´ su mantenimiento y en algunos años se llegara a sacar el costo, ¡qué bueno sería!; mientras tanto lo único que podemos echar a volar, es ¡nuestra imaginación!



