CARTA ABIERTA
La propuesta de empatar la revocación de mandato con las elecciones intermedias de 2027, impulsada por el diputado morenista Alfonso Ramírez Cuéllar, ha encendido una intensa discusión. Lo que debería ser un ejercicio ciudadano para evaluar la continuidad presidencial, en la práctica podría ser un mecanismo de reafirmación del poder, una ratificación de mandato.
El argumento oficial, defendido por Ricardo Monreal, sostiene que no existe intención de favorecer a la presidenta ni a la 4T. Según Monreal, el propósito es “facilitar la participación ciudadana” y armonizar los tiempos electorales. Desde su perspectiva, este ajuste no vulnera la Constitución ni implica una maniobra política, sino una medida “ética y racional” que permite eficiencia administrativa y ahorro presupuestal.
Sin embargo, los analistas Edmundo Jacobo y Jorge Alcocer plantean una lectura opuesta en una entrevista con ‘Aristegui en vivo’. Para ellos, empatar la revocación con las elecciones intermedias equivale a introducir a la Presidencia en la elección. Alcocer lo define como una forma velada de “meter a la presidenta en la boleta”, reeditando la figura política del liderazgo presidencial en pleno proceso electoral, con el consecuente riesgo de desequilibrar la competencia.
El fondo del debate radica en los tiempos. Para reunir el 3% de las firmas requeridas por la ley —unas 300 mil distribuidas en al menos 17 estados—, el proceso tendría que arrancar desde 2026. En otras palabras, la figura presidencial estaría presente en la conversación pública durante todo el año previo a las elecciones, extendiendo su influencia sobre un ambiente que de por sí será tenso por la renovación de la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas, congresos locales y miles de alcaldías.
Edmundo Jacobo advierte que este tipo de reformas pueden alterar el sentido mismo de la democracia representativa. Cuando la revocación deja de ser un instrumento ciudadano y se convierte en un recurso del poder en turno, se abre la puerta a que los ganadores usen la consulta para ratificarse.
Por esto es que Monreal ha intentado contener la tensión. Ha reconocido que el tema debe discutirse con más amplitud. “No tenemos prisa ni debemos precipitarnos”, declaró, en un tono más conciliador que el habitual dentro de su bancada.
Detrás de los argumentos técnicos late un asunto político mayor: la reaparición de Andrés Manuel López Obrador. Si la revocación se lleva a cabo en 2027, su sombra y su voz estarán nuevamente en campaña, acompañando a Sheinbaum y reforzando la narrativa de la continuidad cuatroteísta.



