CARTAS A MI TIERRA
25 AÑOS DEL SIGLO XXI
Transición institucional del fomento económico
2000-2025
TABASCO
Estimados paisanos:
Con esta carta cierro el tema del desmantelamiento de las instituciones de fomento económico y de sus consecuencias en la economía estatal en los primeros 25 años de este siglo, se que he tocado fibras sensibles, pero lo hago porque creo que aunque hemos estado en un sueño muy profundo, todavía es hora de despertar.
La explicación histórica que se tiene de este ciclo es como la de un reloj que se detuvo, se puede interpretar como el “costo de oportunidad” de una generación, en el que los jóvenes sufrieron una degradación permanente de sus expectativas, el empleo desapareció, se descapitalizó la economía, se perdió la fe en el sistema y se debilitó nuestra capacidad de crecimiento futuro.
Para ponerlo en su verdadera dimensión, basta ver las cicatrices que nos dejó en lo social con el aumento de la informalidad laboral y la desigualdad.
En lo político en la deslegitimación gubernamental debido al agotamiento de la confianza en las instituciones tradicionales, por lo que se rompió el “Contrato social” y propició las alternancias en el poder y el cambio radical del régimen tras el fin del ciclo.
Y en lo estructural marcó el agotamiento de un modelo económico, la historia lo puede interpretar como el periodo de transición (doloroso) hacia una nueva forma de organizar la economía por habernos quedado atrapados en un estancamiento prolongado y el no poder transitar a una economía basada en la innovación.
Cuando se pasa por un período de 25 años de inestabilidad o ausencia de estrategias claras como el que hemos transitado, no solo se detuvo el reloj económico, sino que se produjo un retroceso estructural que los expertos llaman un «periodo perdido», las oportunidades que se evaporaron afectaron a generaciones enteras y alteraron el ADN productivo del estado.
En ese lapso de tiempo perdimos muchas oportunidades en el que se desvaneció nuestro capital humano profesional que tuvo que migrar a otros lugares por falta de incentivos, los jóvenes perdieron la ventana crítica para integrarse al mercado laboral formal y se estancó la movilidad social, lo que redujo nuestro potencial para el crecimiento a largo plazo.
También se paralizó la productividad y la innovación por el atraso tecnológico, ya que en ciclos de crisis las empresas priorizan la supervivencia inmediata sobre la inversión en tecnología perdiendo competitividad y se destruyó el ecosistema emprendedor por falta de mecanismos de apoyo para las nuevas ideas.
Y se degradó el entorno de la inversión, ya que la falta de política pública se tradujo en una inversión estatal inconsistente, lo que erosionó a la infraestructura y deterioró las incipientes redes logísticas, energéticas y digitales que son esenciales para atraer capital privado.
En resumen, fue un cuarto de siglo sin rumbo el que acabamos de pasar, en el que convertimos el crecimiento económico de nuestro estado en una «fatalidad de estancamiento», del que podemos tardar décadas adicionales solo en recuperar los niveles de bienestar previos al ciclo de crisis.
Las transiciones políticas.
Los cambios de administración previas y las alternancias políticas de gobierno de 2012 y 2018 (que es sano democráticamente) tuvieron mucho que ver en este ciclo perdido (13 años desde la primera alternancia).
Este fue un periodo de alta vulnerabilidad y las instituciones de fomento económico enfrentaron tensiones que derivaron en retrocesos significativos por la tentación de “refundar” el Estado para facilitar la “Agenda del nuevo gobierno”, pero a un costo muy alto al perder la memoria institucional por un reemplazo masivo de cuadros técnicos (limpieza administrativa) para sustituirlo con compromisos políticos o intereses de grupo, llevando a las instituciones a la pérdida de eficacia por la improvisación y rompiendo posibilidad alguna de darle continuidad a los planes y programas de largo plazo.
Estas transiciones en medio de las crisis económicas, financieras, meteorológicas y sanitarias que se estaban pasando y la implementación de políticas públicas basadas en prejuicios ideológicos y la polarización política que existía (incluso hasta hoy) que nos llevaron a que estas transiciones se vieran como «batallas morales» entre visiones de mundo opuestas, limitaron el margen de maniobra de estas instituciones.
El nuevo ciclo 2026-2050.
Ahora que estamos iniciando un nuevo ciclo no podemos seguir “pateando el bote hacia delante”, sin intentar siquiera romper esta inercia nociva que nos mantiene en un status quo, en el que parece que el tiempo se hubiera detenido o peor aún, estar en regresión.
Tenemos que iniciarlo diseñando una arquitectura institucional no solo de fomento económico robusta sino educativa, cultural, energética y de infraestructura multimodal logística para construir nuestra propia fortaleza, que haga posible que Tabasco vea al mundo y este se fije en nosotros como destino para invertir, con capacidad estratégica para transformar nuestro entorno productivo de una economía petrolizada a una diversificada sobre todo hacia el exterior de manera sostenible y que opere bajo reglas claras que impidan la discrecionalidad política y aseguren la continuidad a largo plazo para las nuevas generaciones.
Que cuente con capital humano especializado y tenga capacidades “anticíclicas”, para que pueda reaccionar de forma inmediata en coyunturas de crisis hasta estabilizar la economía para evitar el colapso de las empresas locales.
¿Milagro económico?
Lo que estoy proponiendo es salir de la ficción de estos últimos 25 años de esperar un “milagro económico” que sabemos que no va a suceder, sobre todo cuando vemos que las expectativas que nos planteamos a fines del siglo pasado solo fueron una ilusión, porque no pudimos contar con la fortaleza institucional necesaria para materializarlas.
La mayor oportunidad perdida radica en no haber transitado de una economía agropecuaria básica e industrial incipiente a una de innovación y alto valor agregado durante este cuarto de siglo.
Quizá llegó el momento de hacerse preguntas para emprender un nuevo camino.
¿Porqué no tomarnos en serio las redes de comercio que México posee que son de las más amplias del mundo. 14 Tratados de Libre Comercio vigentes que le otorgan acceso preferencial a 50 países. Los más destacados incluyen: el T-MEC: El acuerdo principal con Estados Unidos y Canadá, el TIPAT, (CPTPP): Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico que conecta con mercados en Asia y Oceanía, el TLCUEM: Tratado con la Unión Europea (actualmente en proceso de modernización), la Alianza del Pacífico: Acuerdo regional con Chile, Colombia y Perú y otros tratados clave: con Israel, Japón, Centroamérica, Reino Unido y diversos países sudamericanos, para abrir rutas comerciales o atraer inversión privada nacional y extranjera o que nos permitan un mayor intercambio de conocimientos, de cultura, tecnológicos y de negocios con otras sociedades?
¿Porqué no darle un impulso decidido a la atracción de la inversión privada en sectores con gran potencial de expansión, que es determinante para la generación de nuevas empresas y empleos y a la inversión pública en infraestructura estratégica moderna para nuevas capacidades competitivas porque estas juegan un rol determinante para atraer la privada y que además nos permita conectarnos para abrir nuevos mercados, y asi poder salir del riesgo de seguir en un estancamiento prolongado, porque nuestra economía opera prácticamente sin impulso?
¿Porqué si el gobierno federal puso en marcha el Plan México como su principal apuesta de desarrollo regional y competitividad hacia el 2030 en el que el capital privado es fundamental en la implementación del Plan, nosotros no tenemos una estrategia a través de una Política Industrial con un “Plan Tabasco” que debe de trascender cualquier ciclo político, para mostrar un verdadero interés local a autodeterminarnos para entrar a una nueva era de crecimiento económico?
¿Porqué no hemos intentado dejar de ser una rémora del presupuesto federal (cuyas inversiones en el 2026 en carreteras, puertos, ferrocarriles y energéticas volvieron a a privilegiar al norte, centro y bajío del país) y entrar a la conversación global en donde están las oportunidades por lo que está ocurriendo por la geopolítica?
Las respuestas tienen que venir de nuestro gobierno estatal porque es ahora en que debe de redefinir sus prioridades, pero también de los recintos universitarios y de la comunidad empresarial, 1º Transformando la incertidumbre con un “plan” para tener un propósito claro, 2º Con el “plan” tocar fuerte las puertas de Palacio Nacional y 3º Atreverse a dejar de mirar hacia adentro y ver al mundo.
“No podemos seguir en el camino en que nos ido hemos debilitando económicamente mientras los demás se fortalecen”.



