México como el burro del aguador: cargado de agua (petróleo), pero muerto de sed
Nuestro país camina sobre una cuerda floja, si EE:UU: suspende por cualquier motivo la entrega de gas para generar energía eléctrica, México quedaría en penumbras en menos de seis horas…Y es que el país no carece de recursos energéticos, carece de rumbo y lo que es peor, ha sido conducido bajo una mezcla peligrosa de ignorancia técnica y soberbia política…El petróleo lejos de ser la tabla de salvación nacional, ha sido un venéreo persistente que contamina, corrompe y se incrusta en cada rincón que toca…Las zonas petroleras lo saben, comunidades enteras sobreviven entre fugas, enfermedades y abandono institucional, mientras el discurso oficial insiste en vender soberanía donde sólo hay daño acumulado…El verdadero problema no es el pasado, es el presente que decidió ignorarlo, en el gobierno de AMLO el petróleo fue elevado nuevamente a dogma…La narrativa fue simple, casi ingenua, México no necesita más, según el discurso somos energéticamente autosuficiente…La realidad nos explota en la cara con una evidencia brutal, más del 75 por ciento del gas natural que sostiene la generación eléctrica proviene de EE:UU: y eso no es dependencia, es vulnerabilidad absoluta…Si ese suministro se interrumpe, el país no tiene reservas estratégicas ni capacidad de almacenamiento, por lo tanto el sistema eléctrico colapsaría en menos de seis horas, a eso no se le puede llamar soberanía, es una ilusión sostenida por ductos extranjeros…Aun así se decidió cerrar la puerta a una alternativa viable, EE:UU: consolida su poder energético mediante el fracking en la cuenca de Pérmica, en México por caprichos del expresidente López Obrador, se satanizó esa herramienta…Nuestro país tiene reservas de esa naturaleza en las cuencas de Burgos y la Tampico-Misantla, es decir, México podría producir lo que hoy compra…Pero no lo hace por una narrativa simplista que convirtió al fracking en el villano perfecto, según el “especialista de todo y científico de nada” López Obrador, esa técnica contaminaba los mantos freáticos…El problema es que la realidad técnica no acompaña ese discurso, la fractura hidráulica se realiza a miles de metros bajo el subsuelo, muy por debajo de donde se ubican los mantos freáticos…El problema no es la técnica en sí, sino como se regula y se ejecuta, ahí es donde la contradicción se torna grotesca…Porque mientras se demoniza el fracking por sus posibles impactos, se ignora que la explotación petrolera tradicional en México genera daños ambientales comprobados, constantes y en muchos casos irreversibles…Derrames, emisiones, quema de gas, contaminación de suelos y agua, no son riesgos potenciales, son realidades documentadas, tal como sucede de manera recurrente en la Refinería Olmeca…Se rechaza un riesgo controlable, pero se tolera un daño cotidiano, se condena una técnica, pero se normaliza el desastre, ese es el nivel del debate energético en México…Pero el desastre no termina ahí, se multiplica, Octavio Romero Oropeza, exdirector de Pemex aseguró que se combatiría el robo de combustible para recuperar “la soberanía energética”, para ello se “adquirió” una flotilla de pipas para la distribución de los combustibles, sin embargo eso sólo fue una nueva falacia, hoy se desconoce el paradero de ese parque vehicular…Así se podría enumerar una serie de ocurrencias en materia energética, como el llamado Gas del Bienestar, éste sólo se “materializó” en sendas graficas que le presentaron a López Obrador durante una mañanera, pero nunca le mostraron la efectividad del proyecto…México produce crudo, pero importa gas, construye y adquiere refinerías, pero no almacena energía, rechaza tecnología, pero depende de ellas, presume soberanía, pero no puede sostener su sistema eléctrico sin ayuda externa…El burro del aguador, cargado de agua pero muerto de sed…El fondo no es el petróleo, ni el gas, ni el fracking, el problema es haber convertido la política energética en un acto de fe, donde los datos estorban, la técnica incomoda y la realidad se ajusta al discurso…Porque cuando un país toma decisiones energéticas desde la ignorancia o peor aún, desde la conveniencia política, el resultado no es soberanía, es un desastre total…Al parecer la presidenta Claudia Sheinbaum ha comprendido el riesgo que se corre y voltea sus ojos hacia el fracking, ahora sólo falta que se tome la decisión por el bien del país…Depender de un vecino como Trump, es como si Dios le diera las llaves del cielo al Diablo…Hasta la próxima.



