Sin Remitente
Tengo que admitir que antes dudaba del agua medio morena con la que me bañaba.
No dejaba de hacerlo, desde luego, pero vivía mentalmente preparado para alguna infección en la piel.
Qué contraste lo de ahora. Abro la llave de mi regadera para bañarme o de la llave para llenar una cubeta y el agua sale limpia que hasta dan ganas de tomar un trago.
Lo que cambió en mi regadera y en la suya no es obra de la casualidad. El tener agua constante y más limpia se la debemos al Acueducto Usumacinta y a la Planta Carrizal 2 que fueron construidos e inaugurados apenas en marzo del 2025, en el segundo periodo del gobierno de la alcaldesa Yolanda Osuna Huerta, y de los inicios del gobernador Javier May y la Presidenta Claudia Sehimbaun Pardo.
Nos hemos librado de dos cosas a la que por supuesto nunca nos acostumbramos y por las que vivíamos protestando: a los cortes frecuentes del agua porque el Río Grijalva estaba muy sucio, y había que parar la Planta Villahermosa, y por ende a la suciedad de la misma que el cloro luchaba por blanquear.
El contar hoy con agua constante y limpia no se ha detenido ni se detendrá, pese a que por la presión que ahora es normal, viejas tuberías en algunas partes de la ciudad han colapsado, pero el gobierno con sus cuadrillas de hombres que trabajan en medio del sol, ha logrado restablecer el servicio.
Pero la expansión del abastecimiento para que más familias de Centro tengan agua más limpia y constante continúa con obras de gran impacto. No se quedó en el acueducto o la nueva planta.
La construcción de las tres líneas de conducción del circuito Villahermosa – Periférico – Río Viejo – Ixtacomitán en donde fueron colocadas nuevas tuberías ha hecho posible que alrededor de cien mil personas reciban agua constante y limpia.
El esfuerzo porque las familias de Centro, en la zona urbana y rural, cuenten hoy con agua de calidad que les garantice también su derecho, no ha sido menor de parte del gobierno que encabeza Yolanda Osuna que ha sido la única en muchos años en atreverse a realizar estas obras hídricas de gran calado a la que otros alcaldes rehuyeron o aplazaron.
Que podamos ahora bañarnos seguido y lavar los trastes o la ropa en su casa o en la mía, es algo que debemos reconocer y valorar en su justa dimensión por sus evidentes beneficios. Honor a quien honor merece.



