CARTA ABIERTA
El regreso de Citlalli Hernández a la estructura operativa de Morena, para encabezar la Comisión Nacional de Elecciones, es una toma del control partidista por parte de Claudia Sheinbaum.
Se trata de una forma elegante de entender que será la jefa del Ejecutivo quien mande en el partido, desplazando de las decisiones más importantes a Luisa María Alcalde, y a Andy López Beltrán.
Según fuentes nacionales, la presidenta reprochó a los dirigentes la falta de operación política, la erosión de la marca Morena, y el diálogo alterado con el PVEM y el PT, lo que hizo necesaria la llegada de Hernández.
En Tabasco, el mensaje ha sido captado de inmediato por los morenistas. El dirigente Jesús Selván no ha perdido tiempo y se ha puesto a las órdenes de Citlalli. Selván entiende que por ese cargo pasarán todas las decisiones cruciales para la postulación de candidatos hacia 2027. Sabe que la estructura vertical del movimiento ha cambiado su eje y que ahora el trabajo debe enfocarse en quien tiene el control de las encuestas y los procesos internos de selección.
Esta sacudida ocurre en medio de rumores que colocaban a Alcalde y a Andy fuera de la dirigencia, debido a desacuerdos internos y al deterioro del diálogo con los aliados. Esta falta de operación política derivó en la no aprobación de la reforma electoral en su versión inicial, lo que dejó en evidencia el desgaste de la actual dirigencia nacional.
La llegada de Citlalli busca rescatar esas alianzas y la operatividad electoral que se había estancado.
Para Andy, este movimiento es un fracaso personal y político en su intento de mantener el control sobre la estructura organizativa. El ascenso de Citlalli, que cuenta con el visto bueno de Palenque, le quita poder real en la asignación de sus figuras favoritas.
En el entorno de Tabasco, esto impacta en perfiles como Daniel Casasús y Efraín Reséndez Bocanegra, quienes son muy cercanos a él. Con Citlalli al mando, sus postulaciones para el próximo proceso ya no se ven tan seguras, pues el criterio de selección responderá ahora a una lógica distinta y a un mando centralizado en la figura presidencial.
La virtual nueva dirigente nacional tiene la misión de poner orden en el territorio, y el exedén forma parte de este reacomodo. Con Jesús Selván cercano a la nueva directriz, el escenario local se reacomoda.
:LA RÚBRICA
Ni el Verde, ni MC, ni el PRD, al final Jesús Alí de la Torre se sumó a Somos México, una organización que aspira a ser un partido para sacar a Morena del poder. Tras su renuncia al partido oficial, Alí no ha ocultado sus intenciones: busca de nueva cuenta la alcaldía de Centro. Su llegada la hace criticando las prácticas internas de su anterior partido, a las que calificó de antidemocráticas al señalar que las candidaturas se eligen por dedazo, y asumiendo un rol en la construcción de alianzas con la sociedad civil. Al mismo tiempo, Juan Manuel Fócil ha dejado claro que una alianza de facto entre el PRD y Somos México es viable, sobre todo en el ámbito federal. Fócil, quien mantiene su orgullo perredista, reconoce la realidad institucional: mientras el PRD posee un registro local sólido para competir por gubernaturas y alcaldías, Somos México está en el proceso final para obtener su registro nacional ante el Instituto Nacional Electoral. Esto permite a ambos organismos potenciar sus candidaturas y evitar la dispersión del voto opositor, permitiendo incluso que cuadros perredistas encabecen fórmulas bajo las siglas del nuevo movimiento para las diputaciones federales. Desde la cúpula nacional, Guadalupe Acosta ha establecido una meta que desafía los precedentes históricos: alcanzar al menos el 10 por ciento de las preferencias electorales en su primera participación en 2027. Basa este optimismo en encuestas que ya les otorgan un crecimiento orgánico sin haber iniciado formalmente el uso de recursos públicos o tiempos oficiales. Su análisis apunta a que, si logran superar la barrera de los dos dígitos, Somos México se consolidará como el eje de una gran consulta ciudadana hacia 2030, donde nombres de diversas corrientes puedan converger en una candidatura presidencial única. La apuesta de Somos México en Tabasco es una mezcla de acierto y error. Acierto porque es buena idea aliarse con Fócil, uniendo fuerzas para capitalizar el descontento interno de otras fuerzas. Error, como lo demuestra la llegada de un muy cuestionado y poco creíble Jesús Alí.



