¡Espléndido martes!
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@vidal_38
Seguimos con las analogías.
Hay hombres a quienes los años no les otorgan sabiduría, sino una sólida, casi admirable, fijación en el error. En el fútbol nacional, esa peculiar forma del capricho se llama Javier Aguirre.
El pasado domingo, el «Vasco» volvió a escenificar su ya clásico suicidio táctico ante Inglaterra en los octavos de final del Mundial de futbol.
Sacar, en lo más crítico del juego, la pólvora encendida de Quiñones para meter a Santiago Giménez sin brújula o apelar al «Memote» Martínez —cuyo escaso rendimiento en los Pumas ya debería ser advertencia suficiente—, pertenece al ámbito de lo absurdo, cambios inexplicables.
Pero no nos llamemos a sorpresa. La desmemoria es el gran mal de nuestro tiempo.
Ya en el lejano 2010, el mismo estratega impuso como titular en tooodos los partidos del mundial la sequía del petardo conocido como “El Guille” Franco por encima de un «Chicharito» Hernández que por ese entonces devoraba las redes del mundo.
¿Por qué el empecinamiento con el bulto de «El Guille»? Sabrá Dios.
Dieciséis años después, la testarudez sigue intacta. El tiempo pasa, el capricho se queda.
Que el equipo compitió con garra y pundonor partiéndose alma, vida y corazón ya es tomate de otra bolsa.
Con esta lección bien puede decirse que el balón rueda de la cancha a la política, ese otro juego de patadas bajo la mesa.
En las oficinas de Morena, donde hoy se cocinan las listas definitivas de los candidatos a los cargos de elección popular, el fantasma del «Vasquismo» ronda con preocupante familiaridad.
La tentación siempre es la misma: ignorar las encuestas reales, despreciar el ritmo de la calle y mandar al terreno electoral a figuras de bajísimo tonelaje social cuyo único mérito es el pago de facturas internas.
El «director técnico» de ese partido —el verdadero, el que decide— debería mirarse en el espejo del desastre del tricolor. Habrá que saber que debe alinear a los que están en forma.
Si el partido en el poder se amacha con candidatos fuera de ritmo, sin carisma y desgastados, descubrirá muy tarde que las urnas, al igual que los mundiales, no perdonan la imposición.
Los errores en el fútbol cuestan una eliminación y el llanto de la tribuna; en la política, se pagan con el naufragio del poder.
El que entendió, entendió, diría el ínclito Raúl Ojeda. Sígueme en X: @vidal_38

