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Luis Antonio Vidal
@vidal_38
Allá por el año 2017, Arturo Núñez asumió de facto el rol de jefe del PRD tabasqueño.
Convocó a la Quinta Grijalva a los seis aspirantes a la candidatura de su partido al gobierno y les informó que levantaría sus propias encuestas para definir al candidato. Luego los citó para la siguiente semana.
Fernando Mayans solicitó a Núñez una audiencia privada antes del encuentro con los demás. Ahí le mostró sus propias encuestas donde él aparecía en primer lugar. Era un madrugete.
Núñez lo escuchó, recibió el documento y le comentó que “lo tomaría en cuenta”. Un par de horas después, el entonces gobernador reveló a los seis aspirantes los resultados de sus encuestas donde Mayans figuraba en cuarto o quinto lugar.
Ya se imaginara usted la rabieta del médico, pero hasta un favor le hizo Núñez, porque Morena aplastó al PRD en la elección del 2018 y Fernando consiguió apetitoso hueso, la dirección general del ISSET.
Viene a cuento la anécdota porque hoy en Morena sus dirigentes aseguran que las encuestas definirán a los candidatos y hay quienes se mandan a hacer trajes a la medida para convencer a los machuchones que van en caballo de hacienda en sus respectivos municipios.
Pongamos un ejemplo de sondeos cuchareados: la empresa Massive Caller ha difundido recientemente resultados de encuestas para alcaldías en Tabasco (y de gubernaturas en otros estados).
En mayo de 2024, Massive publicó su último ejercicio demoscópico para gobernador de Tabasco con las siguientes tendencias: Javier May (Morena-PT-Verde), 50.9%, Lorena Beaurregard (PRI-PAN), 27.6, Juan Manuel Fócil (PRD) 10,9 y Minés de la Fuente (MC), 10.6. El margen de error lo estableció la misma empresa en +/- 3.4%.
Un mes después, las elecciones pusieron a cada quien en su lugar: May, 80.52%, Fócil, 6.9, De la Fuente, 5.38 y Beaurregard, 4.17 por ciento del total de los votos.
¿Acaso alguien cree en un desplome de 23 puntos de la candidata del PRI/PAN en un mes? ¿O del crecimiento del candidato de Morena de 30 puntos en ese periodo? No, por supuesto que no. Esa tendencia ya era irreversible casi desde que inició la campaña.
La encuestadora fue utilizada con fines de propaganda para posicionar a quien sabía no ganaría la elección. La empresa puso en juego su credibilidad y prestigio. Y perdió.
Parafraseando un clásico: ¿Tú le crees a Massive? Yo tampoco.
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