La experiencia de movilizaciones pasadas demuestran que la ciudadanía organizada puede cambiar el rumbo de las decisiones públicas, como la que salvó el Paseo del Prado en Madrid, España, que recién ha cumplido 20 años de la primera gran movilización ciudadana que evitó la desaparición de más de 700 árboles y frenar un proyecto que hubiera destruido ejemplares centenarios y singulares y el Paseo mismo, esta victoria ciudadana no fue solo ambiental, sino también un hito en la defensa del derecho ciudadano a participar activamente en la construcción y protección de su ciudad.
Su legado ha trascendido fronteras, inspirando movimientos similares dentro y fuera de Madrid, y consolidando una conciencia colectiva en defensa del arbolado urbano y del patrimonio común.
En el caso de la intervención en el Paseo Tabasco en el Proyecto Villahermosa 2030 lo único que está exigiendo la ciudadanía es que este este responda a una visión de ciudad, se de en el marco de una gestión estratégica de su territorio y de la colaboración pública-social, porque proyectos de esta envergadura pueden cambiar el rumbo económico y social de una gran ciudad como Villahermosa para bien, pero también para mal.
Su discusión pública se ha convertido en un laberinto de difícil salida y ejemplo de como la ideología puede asfixiar el dinamismo de una sociedad comprometida con una mejor ciudad y desplazando peligrosamente el debate desde la exigencia del análisis técnico de viabilidad hacia una retórica moralista que busca culpables en lugar de soluciones a través del diálogo con la ciudadanía.
Hay que tener mucho cuidado con estas posturas, porque cuando el urbanismo se interpreta desde la improvisación y un prisma dogmático y vertical del gobierno, se rompe la colaboración con la ciudadanía y perdemos todos.
La pregunta es ¿porqué seguir insistiendo en la improvisación, cuando sabemos que una decisión sin sustento como esta solo nos está llevando a la oscuridad y el conflicto.
Tenemos que entender que una ciudad se construye no solo desde la política, también desde la calidad de la gestión pública del gobierno, pero sobre todo en el terreno de la planeación urbana y la participación ciudadana.
Espero que en 2046 estemos festejando 20 años de como la ciudadanía Villahermosina y sus colectivos salvaron el espacio común del Paseo Tabasco y que permitió preservar un legado que nos heredaron nuestros visionarios liderazgos políticos y sociales.

