Un gobernador en funciones de medio pelo, luego con licencia, que regresa por sus pistolas y se vuelve a ir o lo corren por la puerta de atrás, desde luego no representa al movimiento que implica la 4T, pero ha servido para retomar las apuestas y los cálculos sobre la ruptura, separación de los caminos del señor de Palenque y de quien despacha en Palacio Nacional.
El Sainete morenista tiene 6 actos:
1.-El 28 de abril la Secretaría de Relaciones Exterior de México recibió de Estados Unidos la solicitud de «detención provisional con fines de extradicción en calidad de urgente» del gobernador Rubén Rochoa Moya y nueve funcionarios más de Sinaloa. El gobierno de México desecho la peticion por considerar insuficientes las pruebas correspondientes de su presunta vinculación con organizaciones de narcotráfico.
2.-Sin embargo y en contradicción a lo declarado por él mismo, de que «no tenía nada que temer», solicitó licencia a la gubernatura, es decir, le metió leña al “sospechosismo” sobre su inocencia que él mismo puso en duda al separarse del cargo.
3.- Dos renuncias y posterior entrega a los Estados Unidos de un par de sus principales funcionarios abonaron a la sospecha de que las cosas no estaban bien en el gobierno de Sinaloa. Se trató de los secretarios Gerardo Mérida Sánchez, de Seguridad Pública y Enrique Díaz Vega, de Finanzas, quienes ofrecieron su cooperación para posibles beneficios legales o reducir una posterior condena.
De hecho, el general en retiro Gerardo Mérida abandonó la prisión de Brooklyn donde estaba internado desde mayo, el martes 11 de agosto, de acuerdo con los registros del Buró Federal de Prisiones.
4.- Mientras tanto, el gobernador con licencia Rubén Rocha permanecía escondido, él sabrá de qué o de quiénes, sin que se presentaran las pruebas suficientes que el gobierno de Claudia Sheinban exigía para extraditarlo a EU.
5.- Pasaron 112 días de su licencia temporal solicitada el 1 de mayo, con la determinación de la Fiscalía General de la República de que no había pruebas de la comisión de algún delito. El viernes 21 de agosto retomó su cargo como Gobernador Constitucional del Estado de Sinaloa. Reuniones con miembros del Congreso Local y el Poder Judicial, indicaban que el retorno iba en serio, en medio de deslindes desde la presidenta Sheinbuam, el líder de la Cámara de diputados, Ricargo Monreal, la dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, etc. etc.
6.- La presión fue contundente y después de 33 horas, día y medio, Rocha Moya anunció este domingo su segunda licencia.
Las preguntas obligadas son quién le pidió que regresara como gobernador, porque fue “decisión personal”, según se deslindó la presidenta Sheinbaum, aunque la dejó mal parada, sin la autoridad de ser la morenista número 1 del país. ¿O el número 1 es el señor Pakal?
Y si no fue “decisión personal”, fue acaso ese señor de Palanque quien le indicó que retomara el cargo, en beneficio de sus presuntos e impresentables patrocinadores.
Porque está claro que su absurdo retorno perjudicaba en dos vías la relación con las autoridades de EU. Primero, en voz del director de la DEA, Terry Cole, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, “es un socio de confianza”.
Y el segundo punto a desestabilizar es el actual proceso de renegociación del T—MEC entre México y EU, empeñado en equilibrar la balanza comercial que en 2025 favoreció a nuestro país en casi 200 mil millones de dólares.
TIEMPO FUERA.- ¿El guiño de EU a Omar García Harfuch es un intento de pavimentar la vía hacia la carrera presidencial del 2030, sin el patrocinio ideológico de la marca López Obrador? ¿Comenzó a darse en serio la bifurcación del poder en México, con visto bueno de nuestros vecinos del norte, que no tienen amigos, sino intereses?

