¡Nunca en mi vida me había sucedido este caso insólito!… ¡Fue impresionante abrir la caja fuerte y ver su terrorífico contenido!… ¡Se pudo tratar de un sacrilegio ancestral!
Don Arturo, no obstante los años transcurridos desde que le sucediera aquel extraño caso relacionado con su oficio, no ha podido olvidar ese raro suceso cuando acudió a un llamado para ejercer su difícil trabajo técnico.
Manifiesta nuestro entrevistado que ya está retirado, aunque no sabe si voluntariamente u obligado por aquella terrible experiencia que vivió de manera personal… para evitar repetirla.
Al entrar de lleno al tema, don Arturo asegura que en sus tiempos de juventud fue un reconocido técnico cerrajero, y precisamente lo buscaban porque no había cerradura que no abriera cuando era llamado ante un problema de puertas cerradas que impedía el paso al habitante de la vivienda.
Fue muy solicitado por la efectividad de sus trabajos, así como por el cobro del servicio.
De tal manera que, en una ocasión, una persona acudió a su pequeño taller y la dificultad era una caja fuerte heredada por los abuelos de quien lo contrataba.
En esos momentos no pudo dar el presupuesto del servicio, porque primero tenía que ver la marca, el tamaño y su antigüedad.
Y siendo un hombre respetuoso y de trato amable con los clientes, procedió a acompañar a la persona que en esos instantes lo estaba contratando para platicar y tener alguna referencia del objeto que sería atendido.
Dice don Arturo que, ya entrando en confianza con el señor Ovidio —así se llamaba su patrón mientras duraba esa chamba—, fue enterado del origen y presencia de esa caja fuerte.
Al llegar a la casa del señor Ovidio, vio que era una vivienda antigua, muy próxima al Centro Histórico, pero dicha construcción estaba muy bien conservada por su constante mantenimiento.
Recuerda don Arturo que quien lo contrató le expresó que él era nieto de unos abuelos que mucho lo quisieron y lo adoraban. No obstante que se fue al entonces Distrito Federal (hoy Ciudad de México) a estudiar medicina y luego su especialización, mantenía con ellos mucha comunicación telefónica y en ocasiones los visitaba, acción que era extraordinaria e inolvidable para todos. Los mayores tenían ya muchos años ausentes del plano terrenal.
Llegado el momento de poner manos a la obra y saber qué tan difícil se pondría el trabajo para abrir esta caja fuerte muy antigua… la observó, vio la marca que apenas se distinguía, le dio una limpieza para quitar el mucho polvo que la cubría y de inmediato inició las maniobras y puso en acción toda su experiencia, capacidad y talento.
Hizo los primeros sondeos y sí estaba difícil esa cerradura; por tanto, le explicó a los patrones que tardaría un poquito y que le tuvieran paciencia.
Ante tal expresión, don Ovidio le aseguró que se tomara todo el tiempo necesario, porque saldría con la familia a un comercio cercano y volverían al ratito.
Fue muy difícil para don Arturo este trabajo, pero después de cierto tiempo logró abrir esa misteriosa caja fuerte.
Recogió sus herramientas y las metió en su caja de trabajo. Esperó media hora y los patrones no llegaban.
De pronto percibió un raro olor y detectó que salía de esa caja fuerte que él había abierto.
Miró detalladamente al interior y se aseguró de que no hubiera valores económicos como dinero o joyas… ¡solo rollos de papeles, y de uno de ellos se desprendía ese extraño olor!
Precisamente, al tocar uno de esos rollos que olía muy fuerte y sin sacarlo del perímetro interior de la caja fuerte, al colocarlo de manera vertical… ¡de adentro salió un dedo momificado!
¡Se asustó don Arturo y se puso a rezar el Padre Nuestro y el Ave María!
Con mucha dificultad y apoyándose con los otros rollos, ¡logró introducir ese dedo momificado en su mismo lugar!
A los 15 minutos llegó don Ovidio con su familia. Ante el asombro de todos fue abierta la caja fuerte y, con admiración e incredulidad… vieron que solo había papeles, tal vez cartas, instrucciones y quién sabe qué otras cosas de las que don Arturo ya no se enteró.
Terminado el trabajo recibió el pago, agarró sus herramientas y se retiró.
Ya en la noche, en su casa, quedó pensativo respecto a ese misterioso dedo. Antes del amanecer, y sin haber llegado el horario para abrir la cortina metálica de su pequeño taller de cerrajería, ¡se escucharon golpes en esa protección de entrada!
De inmediato don Arturo acudió al área de su local y no encontró a nadie… ¡pero tremendo susto el que se llevó!
Así pasaron otros dos días y ¡se replicaron los golpes antes del amanecer!
Por tanto, acudió de nuevo a donde había hecho el trabajo de la caja fuerte y le contó a don Ovidio.
Pero también don Ovidio había tenido una experiencia similar en esos tres días… después de que fuera abierta esa enigmática caja fuerte.
Ninguno de los dos, los señores Arturo y Ovidio, pudo esclarecer lo que les había sucedido. El cerrajero no volvió a hacer otro trabajo en esa casa… en tanto que el nieto heredero de esa insólita propiedad se fue a su lugar de residencia y ¡ya no se supo si vendió o no aquella tenebrosa vivienda!
¿Usted qué haría?… ¿La vende o la conserva?… ¿Y cuál habrá sido el destino de esos papeles y del dedo momificado?

