LA POSTA
VINO DE CONSAGRAR. Si San Isidro Labrador lo permite, tendremos de nuevo Fiesta patronal y Feria municipal de mayo en Macuspana, me dio a entender una amable funcionaria del ayuntamiento. La verdadera historia de la feria de mayo no la conoce nadie, todos la inventan. Investigadores religiosos consideran que empezó en 1665 con la aparición, en una caja de cedro, del Señor de la Salud en las confluencias del arroyo Huapinol y el río Puxcatán. Debe ser, por eso somos tan fiesteros y saludables. El 4 de enero de 1851, 100 años antes de que este reportero naciera, el Congreso de Tabasco decretó que se llame feria a las fiestas que se celebran los días 15 y 16 de mayo en Macuca. Otro hecho importante, es que el 15 de mayo de 1857, asume el curato de Macuspana el presbítero, Manuel Gil y Sáenz, quien tres años más tarde descubriría la mina de petróleo de San Fernando. El espíritu emprendedor y fiestero de Gil y Sáenz debió afianzar la Feria de mayo. Pordiositosanto.
UN SANTO TOMÁS. Mientras en Macuca se afinan detalles para reactivar la tradición de la feria, en Villahermosa, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Tabasco, Edgar Garduño Paz, en otra de sus declaraciones temerarias, aconsejó al gobierno estatal le ceda el Parque Tabasco (Dora María) “para organizar un festival similar a la Feria Tabasco y no dejar pasar este año sin algarabía “(diario Ahora Tabasco). Al no haber ni gota de presupuesto estatal para el festejo, la intención es buena y el chiste se cuenta sólo pues la Feria Tabasco empezó como feria regional, luego Exposición, y se ha ido degradando hasta quedar en feria a secas y vuela para festivalito. La tradicional Feria está en peligro de extinción por inundaciones, cambio de clima, pandemia e indolencia.
TRES GENERACIONES. De joven vi pasar la feria de mayo detrás del mostrador en la tienda de abarrotes de mi padre. Desde ahí contemplaba el paso del bullicio, observaba a familias completas de campesinos que llegaban a la feria. De madrugada, los pasos marcados por los huaraches sonaban como golpes encerrados, los golpeteos de las suelas contra el suelo de algunos enzapatados, rimaban con el roce de las vainas de los machetes al pegar contra los bushes secos y los morrales con pequeñas ollas y jarros de barro que la gente de la ribera adquiría en la feria. El último día de la función una legión de desvelados deambulaba por las calles, nadie descansaba la víspera del santo patrono que es cuando más se divierte la gente con la música en los stands.
LA DEL ESTRIBO. Varios grupos musicales destacaron en esos días de feria: Los Kasino de Campeche en el stand de la Corona y Los 4 y medio del DF en el de la Superior. La sensación fue un cantante de apellido Vidal con voz de barítono contralto que entonaba de manera magistral la balada “Poema” de los Hermanos Arriagada. En la vinatería de Manuel Martínez, hacía sus pinitos Los Ranger, con tres guitarras, un saxofón, batería, un cantante y dos amplificadores de mil 500 watts de salida. Todo conjunto de rock que se precie debe tener una rúbrica, la de Los Ranger era La Bamba, arreglo al son jarocho de Richie Valens, norteamericano de origen mexicano. Los momentos dramáticos que vivimos no parecen propicios para hablar de este tema, sin embargo, se puede rescatar de manera responsable e inteligente una de las tradiciones de mayor apego al espíritu de los tabasqueños: las ferias de mayo. Sea por Dios.



