CARTA ABIERTA
La fractura de la alianza cuatroteísta tras el rechazo a la revocación de mandato está generando una nueva relación de fuerzas dentro del oficialismo.
El voto en contra del Partido del Trabajo desnudó que la coalición no obedece por disciplina, sino por interés. Por primera vez, un socio de la 4T desafió la línea de la Presidencia y se quedó parado sobre la decisión, sin que ni el peso de Palenque bastara para detenerlo.
El reto a la autoridad política de Claudia Sheinbaum estuvo de por medio, ya que la presidenta buscaba que el juicio ciudadano a la revocación fuera también un instrumento que consolidara su mandato.
Que el PT se negara a acompañar ese cambio en el Senado, envió un mensaje: el partido no irá contra su propia sobrevivencia. La presidencia, en cambio, dio la imagen de quien puede negociar, pero no impedir que se cambie algo más que una coma, como sí sucedió en los tiempos del Peje.
El riesgo de ruptura en varios estados del país donde habrá elecciones en 2027 es factible. En Oaxaca, por ejemplo, las lonas que llaman al PT “Partido de Traidores” son un adelanto de lo que puede pasar en otras entidades donde gobernadores y estructuras locales ya ven al partido como un aliado no confiable.
Si en 2027 el PT negocia candidaturas, presupuestos o tiempos de radio en contra de la lógica de Morena, la 4T podría llegar a las urnas fragmentada, con candidatos “oficialistas” que se pelean más que con el opositor con sus socios. Es cierto que el Senado aprobó el Plan B y la mayoría de sus elementos, pero en la alianza ya no hay un centro único de decisión.
Por otra parte, los oficios de Alberto Anaya y sus cercanos en el PT quedan en evidencia. Esa capacidad de imponer condiciones sin romper formalmente la alianza, es un chantaje que sólo un partido bisagra se puede permitir.
Si el PT mantiene esta lógica al negociar candidaturas, caso por caso, Morena no podrá actuar como un bloque compacto.
Al mismo tiempo, la revancha de la presidencia no se verá en este momento, sino en el campo donde se juega el poder real: las candidaturas, las alianzas estatales y el control de la agenda.
El mensaje enviado a Palenque también es claro: el peso de AMLO ya no es un cheque en blanco. El PT, al no ceder, ha demostrado que no le teme. Y es que al revés de la revocación se suma el rechazo de la reforma electoral inicial, donde el PVEM le hizo segunda.
Al final, la percepción es que la alianza quedó más frágil de lo que admiten sus líderes.



