Donald Trump anunció este domingo que las fuerzas estadounidenses rescataron con vida al segundo piloto del caza derribado sobre Irán, en una operación que describió como una de las más audaces de la historia de EE.UU. Según los reportes, el aviador fue localizado herido y sacado del territorio iraní tras una búsqueda que se extendió desde el derribo del viernes, mientras el primer tripulante ya había sido rescatado antes.
La misión habría involucrado a decenas o incluso cientos de efectivos y varios medios aéreos, con participación de fuerzas especiales y apoyo de inteligencia. Los medios también señalan que Irán afirmó haber derribado aeronaves durante el operativo y trató de presentar la acción estadounidense como un fracaso, aunque no negó de forma clara que el piloto hubiera sido recuperado por EE.UU.
En paralelo, Trump endureció su mensaje contra Teherán al exigir que “abran” el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por la que transita una parte clave del petróleo y gas del Golfo. El mandatario dio a Irán un ultimátum de 48 horas para llegar a un acuerdo o enfrentar consecuencias devastadoras, retomando su amenaza de desatar el “infierno” si la vía marítima sigue bloqueada.
Trump dijo algo como: “Abran el estrecho, locos cabrones, o van a vivir en el infierno”.
El tono presidencial busca presionar a Irán en dos frentes: el militar, con el rescate como demostración de capacidad operativa, y el económico, con Ormuz como palanca de presión global. Trump incluso sugirió reabrir el estrecho pronto si prosperan las negociaciones, pero al mismo tiempo advirtió que la respuesta de Washington sería durísima si Teherán mantiene el cierre.
En conjunto, el episodio mezcla una operación de rescate de alto riesgo con una escalada verbal que eleva la tensión regional y pone en el centro el control de una de las rutas energéticas más sensibles del mundo.



