¡Mis vecinos vivían en plena armonía y eran una familia ejemplar!… ¡De pronto algo sucedió y sorpresivamente se fueron sin volver!… ¡Pero se les olvidó llevar a un pastor alemán belga muy servicial que protegía la casa!
La narrativa en esta ocasión está a cargo del señor Alberto, quien vive precisamente frente a esa vivienda donde sucedieron los hechos que hoy serán expuestos, después de muchos años de conservarse en el baúl de los recuerdos.
Don Alberto eleva su mirada al infinito, en señal de hurgar en sus pensamientos aquella historia de hace muchos años que los mantuvo al filo del suspenso y la preocupación.
Nuestro entrevistado asegura: «Nosotros, sin querer queriendo, nos enteramos de algunos casos que sucedían en aquella familia, porque esta propiedad era un fraccionamiento progresivo con algunas etapas en construcción».
En el caso de nosotros y de aquellos vecinos, nuestras viviendas estaban concluidas, en tanto otras familias continuaban ese proceso un poco más lento.
El ambiente general era agradable porque había comunicación entre todas las familias y, claro, la cortesía social del saludo y la breve charla era predominante, sin llegar al extremo de los asuntos particulares.
Esa familia tenía un perro de la raza pastor alemán belga muy hermoso, que por su gran tamaño daba temor y miedo, pero era un animal muy cariñoso con todos los vecinos.
En algunas ocasiones aquella familia sacaba al perro a dar la vuelta a la «manzana» del sector… Y lucía ese animalito porque no era agresivo.
De tal manera que todas y todos nos conocíamos hasta cierto grado.
Un día normal me encontré en la calle al señor de esa casa y platicamos brevemente del estado del tiempo y del avance rápido de esta nueva colonia.
De pronto, una mañana muy temprano, nos despertó un murmullo de voces proveniente de la casa de enfrente, donde pudimos distinguir una fuerte discusión entre varios integrantes de aquellos vecinos. Desde luego que nunca pudimos saber el tema, porque algunos gritos distorsionaban el enfoque de la discusión.
Pensamos que sería una charla acalorada normal, de las que se dan en el seno de cualquier familia… Pero no fue así… Fue definitiva y muy intensa.
En cambio, nosotros seguimos con nuestra ocupación cotidiana, pero no nos dimos cuenta de la presencia de dos camionetas que se sumaron a los dos coches de esta familia.
El escándalo fue bajando de tono, al grado que era imperceptible la charla entre ellos.
Algo que destacaba en todos los movimientos y pláticas de esos vecinos eran los ladridos de Capitán… El perrito pastor alemán belga que daba vueltas de manera alarmante en el patio delantero de aquella vivienda, frente a mi casa.
Como la bulla de Capitán era «normal» para todos los que ahí vivíamos, ya no nos dimos cuenta de las circunstancias en que estas personas se retiraron de ese hogar, donde dejaron algunos muebles y accesorios.
El detalle es que nosotros pensamos que volverían en los días subsecuentes, que a lo mejor salieron de vacaciones o fueron a visitar familiares.
Quedó todo cerrado con llave y candados; en cambio, el perrito Capitán quedó en el interior de la vivienda, desde donde ladraba muy fuerte, y ese sonido en un local cerrado tenía mucha resonancia.
Pasaron dos días y nos acercamos a la barda frontal para ver si le habían dejado comida y agua a Capitán… Pero nada le dejaron.
El perrito ladraba incansablemente y creemos que también lloraba asustado por no ver a sus amos. No podía salir de la casa, prácticamente había quedado encerrado y sin poder salir o escaparse del encierro.
Pasó una semana y los ladridos de Capitán cada día eran más débiles… Nosotros insistimos para ver las posibilidades de entrar y darle comida y agua al pobre animalito, pero fue inútil… Fueron infructuosos esfuerzos… Todo cerrado herméticamente.
No sabemos dónde quedó Capitán, si subió a la segunda planta o en algún espacio cerrado, porque desde el exterior no lo alcanzamos a ver ni en la sala ni en el comedor.
Al pasar un mes, comenzamos a escuchar en las madrugadas el ladrido de Capitán… Y a esas altas horas de la noche acudíamos a la casa de enfrente y, ciertamente, los ladridos provenían del interior de la vivienda… Pero no veíamos al perrito. Ya todo esto nos puso a pensar que algo andaba mal.
Nos acostumbramos a escuchar esos ladridos de Capitán y así pasó el tiempo, hasta que en algunas madrugadas algunos jóvenes se metieron a esa casa para tratar de sustraer lo poquito que quedó… Pero un susto mayúsculo se llevaron, porque ya afuera, aterrorizados, dicen que vieron a un enorme perro con las características de Capitán… Imposible de creer… Pero ellos aseguran haberlo visto y los corrió.
Don Alberto concluye su historia al decir que de aquella terrible experiencia ya pasaron muchos años, los dueños no volvieron, la casa sigue abandonada… Pero en su interior está la energía de Capitán, que como fiel amigo… Es el guardián de esta enigmática vivienda.

