VOCES AL VIENTO
Si escuchamos la palabra “enjambre”, automáticamente la relacionamos con “abejas” que, como sabemos, es un animalito irracional que labora en perfecto orden disciplinario, a plena luz del día, no se esconde de nadie, respira el mismo oxígeno que nosotros y nos da lo mejor de su labor cotidiana: la miel.
Hay otro tipo de “enjambre”, el de “avispas”, por cierto, sumamente ponzoñosas; pero existe uno especial y es del que les quiero platicar, este es otra cosa, ahí laboran animales racionales, no hacen ruido, trabajan “bajo el agua” y, cuidado cuando salen, porque causan estragos, son implacables, para ellos no hay amigos, no hay conocidos, les encanta dar sorpresas, nada ni nadie los detiene. Son “peces diablo” usados para comerse los alevines de sus enemigos y de esa manera mantener las peceras limpias.
No se me olvida aquella ocasión, hace ya varios años, cuando nos cayó de sorpresa la plaga de la “abeja africanizada”. Fue un terrible golpe para la economía de los productores de miel porque disminuyó de manera notoria su cosecha; pero todo pasó, nos acostumbramos a convivir con ella, le echamos la culpa a nuestra exuberante vegetación y todos felices.
Hoy nos sorprendió el nuevo “enjambre”, parecidísimo al de avispas, que nos envió el señor Harfuch, con dedicatoria al honorable ayuntamiento de Paraíso, Tabasco, municipio sede de una de las obras más emblemáticas del gobierno federal 2019-2024: la refinería de petróleo Dos Bocas.
¿Qué hay detrás de todo esto? Jamás lo sabremos. Ojalá y el “Enjambre Harfuch” sea pasajero y no se extienda por los otros 16 municipios de Tabasco.
FINALMENTE, ¿qué nos queda por hacer? Solo poner nuestras barbas en remojo.

