Carta Abierta
La vinculación de compras millonarias de la Secretaría de la Defensa Nacional con una red empresarial ligada al crimen organizado es una prueba de fuego para la integridad de las Fuerzas Armadas.
La información publicada enciende una alerta máxima que exige una respuesta institucional contundente, una que separe la paja del trigo y demuestre dónde reside la verdadera lealtad de la institución.
El hecho central es profundamente preocupante: durante la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) se adquirieron más de 500 millones de pesos en diésel de una compañía cuyos nexos, según la investigación, conducen a operadores de “huachicol”.
La sola posibilidad de que recursos públicos hayan podido, incluso de forma indirecta, fortalecer las finanzas de los adversarios del Estado mexicano es un escenario que ninguna institución, y menos una del calibre del Ejército, puede permitirse ignorar.
Sin embargo, sería injusto y simplista que este lodo de corrupción manche a todo el Ejército. La Sedena es una institución fundamental para el Estado, compuesta por cientos de miles de elementos que, día con día, sirven al país con honor y arriesgan su vida en el cumplimiento de su deber.
Es por lealtad a ellos, a los soldados que sí honran el uniforme, que este grave señalamiento debe ser esclarecido hasta sus últimas consecuencias.
La traición, si se comprueba, no sería de la institución, sino de individuos que, desde dentro, habrían faltado a su juramento y a la confianza de la nación.
Aquí es donde los altos mandos castrenses tienen la palabra. Se les presenta la oportunidad de demostrar, con hechos, que la corrupción no tiene cabida en sus filas.
El beneficio de la duda está sobre la mesa, pero no es un cheque en blanco. La sociedad y las propias tropas esperan una investigación interna exhaustiva, profesional y transparente, que permita deslindar responsabilidades sin miramientos de jerarquía.
La pregunta es si la cúpula castrense posee la voluntad y la fortaleza para identificar y extirpar a los elementos que lo han traicionado.
Es necesario un acto de depuración para salvaguardar el honor del uniforme. Castigar a los responsables no debilitará al Ejército; por el contrario, lo fortalecerá, enviando el mensaje inequívoco de que la lealtad es a México, no a redes de complicidad.
La confianza en la Sedena depende de la contundencia con que actúe ahora, porque estos lodos envían un mensaje preocupante de complicidad con grupos a los que, supuestamente, debe combatir con toda la fuerza del Estado.
