Les comparto un tema cuyo personaje nunca dejará la historia: José Vasconcelos en Tabasco, año 1944, con la introducción de otro personaje que es el más rico de México y cuyo origen es precisamente Beirut, por lo que sería bueno que conociéramos La Noria de Beirut, el libro que trata la vida en la ciudad que siempre renace, escrito por Tomàs Alcoverro. El libro explora la historia de Beirut, incluyendo los conflictos y la vida multicultural de la ciudad.
Vamos a mi colaboración:
Les platico:
Ya ven que una vez al año se estila que los exalumnos desayunen con el rector —no sé si persista esta costumbre—. En los desayunos siempre había dos oradores: uno por parte de las asociaciones, tanto metropolitanas como estatales e internacionales, y el otro, invariablemente, era el rector en turno.
Pues bien, en 1997 el rector era el doctor Francisco Barnés de Castro —quien no terminó su periodo por el conflicto de las cuotas—. Y las asociaciones de exalumnos me eligieron a mí como el orador, así me lo dijeron desde rectoría, y entonces preparé mi discurso. Al evento fue el doctor Guillermo Soberón Acevedo —con quien platiqué ampliamente— y Óscar Espinoza Villarreal —criminal en el sector público—, en esos momentos último regente de la CDMX, antes de la primera jefatura de gobierno que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. El caso es que para el siguiente año, 1998, el orador que eligieron desde la rectoría fue precisamente Carlos Slim Helú, pero la mayoría de los presidentes de asociaciones nos opusimos, ya que el magnate no representaba a ninguna asociación. El ingeniero Slim lo supo y ya no llegó don Carlos, pero sí hizo la «maldad»: mandó a un representante que dijo al iniciar su discurso: «Soy orgullosamente egresado de la Universidad Iberoamericana», lo que no cayó nada bien. El evento tuvo lugar en el Palacio de Minería.
Estuve leyendo que Carlos Slim está organizando a un grupo de empresarios e inversionistas para «apoyar» a Pemex. Pienso que, como con «El Parque Museo La Venta», se quiere quedar con la empresa petrolera, en la que ya sus empresas participan como contratistas.
¡Qué diferentes tiempos aquellos en que visitaba el estado tabasqueño gente de la política, la cultura y la intelectualidad nacional!, quienes eran, además de adaptados, muy respetuosos. Tal es el caso del autor del lema universitario «Por mi raza hablará el espíritu»: José Vasconcelos Calderón, quien realizó una visita a Tabasco que inició el 6 de julio de 1944 (en la década de 1940, José Vasconcelos, ya alejado de la política activa, se dedicó principalmente a la escritura y a la promoción cultural, enfocándose en la educación y la identidad latinoamericana; fue miembro fundador de El Colegio Nacional y dirigió la Biblioteca Nacional hasta su muerte en 1959) y la terminó cinco días después, el 11 de julio de 1944. En su último discurso, don José Vasconcelos Calderón, dirigiéndose a autoridades y población, dijo: “Tenéis la trascendental misión de formar en los niños mentes equilibradas y serenas”. Y así en Tabasco se dio, y claro, para equilibrar, también con la «irreverencia» del trópico húmedo.
Les comparto parte del capítulo 1 del libro Tabasco a dos tiempos: José Vasconcelos en Tabasco.
Paradoja: el aeropuerto de Villahermosa, Tabasco, desde el 15 de octubre de 1928 se llamó Aeropuerto de «Mexicana de Aviación» y funcionó hasta el año 1979, cuando inició operaciones el actual aeropuerto Carlos A. Rovirosa, ubicado en el poblado Dos Montes, en el km 12 de la carretera Villahermosa, Tabasco–Escárcega, Campeche. Este aeropuerto fue iniciativa del ingeniero Leandro Rovirosa Wade, pues el que estaba en operaciones era insuficiente. El presidente de la República en aquel entonces era el licenciado José López Portillo y Pacheco, quien, al ser enterado del proyecto, preguntó: “¿De dónde saldría el recurso para su construcción?”, respondiendo el Ejecutivo estatal que de la venta del terreno donde se encontraba la pista. Ese fue el comienzo de Tabasco 2000, complejo urbanístico en el que me tocó participar como superintendente de la empresa Terrequipo, S.A., para la que su servidor trabajaba construyendo caminos en Tabasco, siendo quien esto escribe el primer ingeniero de empresa en entrar a realizar el «movimiento de tierras» para el desarrollo del proyecto. Fue una obra titánica: demolimos el antiguo edificio terminal, la pista y calles de rodaje, y entramos al monte a realizar cortes y terraplenes compensados. Parecíamos «piratas de tierra» cuando vislumbran la selva, juntando motoescrepas, tractores, dragas, cargadores, motoconformadoras, pipas de agua y compactadores, y diciendo: «¡Al abordaje!». Finalmente, la sabana y la selva fueron urbanizadas. Nacía entonces la Villahermosa modernizada y espléndidamente bella; tan bella, que el mismo presidente José López Portillo, cuando la inauguró, dijo: «Volveré a la ciudad más bella del sureste mexicano en el año 2000». La vida no le alcanzó, murió antes.
Ingenioso Mexicano
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> “La impresión que llevo de Tabasco es que está rehabilitándose después de un largo y doloroso periodo de destrozo administrativo y social… Esta escuela que lleva mi nombre me ha producido una impresión de tierna gratitud porque es limpia y clara y se encuentra colocada en un ambiente tropical que siempre ha sido grato a mi corazón”. Quizá esta última reflexión la hizo Vasconcelos emocionado por los recuerdos de su niñez cuando vivió en la ciudad de Campeche con su padre quien, por su trabajo, era enviado a distintas plazas del país. El padre de don Pepe era de oficio telegrafista, según él mismo nos cuenta en su Ulises Criollo. Luego, dirigiéndose a los maestros les dijo: “Tenéis la trascendental misión de formar en los niños mentes equilibradas y serenas”.46
> Concluida la ceremonia y los abrazos y saludos de despedida, el festejado oaxaqueño tomó la lancha de regreso a Villahermosa y durmió en lo que hoy es la Quinta Grijalva y la casa oficial de los gobernadores. Al día siguiente, antes de partir rumbo a la Ciudad de México, desayunó tortuga en verde, tamales de pavo y de chipilín, plátanos fritos, maduros y verdes machacados, frijoles refritos, chocolate hecho con cacao criollo, espumoso y caliente, así como café. ¡Todo un desayuno tabasqueño! Amenizó el desayuno con su guitarra y su voz el trovador tabasqueño, Pedro Gutiérrez Cortés. Todo esto nos lo cuenta un reportero que cubrió la fuente.
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José Vasconcelos en Tabasco
Capítulo I, páginas 53 a 58 del libro Tabasco a dos tiempos (1950-1960)
Autor: Elías Balcázar Antonio
> El hombre, hasta en los momentos más difíciles, de guerra y de catástrofe, de tragedia y de muerte, tiene una vocación o una virtud intrínseca, natural, a construir una vida cotidiana. Una vida con actividades y costumbres diarias que le permita sobrellevar el sufrimiento de los días tormentosos y a hacérselos un poco placenteros, soportables, con la esperanza de que lleguen tiempos mejores. Cuando el hombre pierde la esperanza no sobrevive; aquellos que nunca perdieron la esperanza han sobrevivido. La esperanza ha sido el soporte de muchos hombres para luchar y salir adelante, nos dice Viktor E. Frankl, judío alemán y prestigiado psicoanalista, quien sobrevivió a los campos de concentración de la Alemania nazi. Hasta en esos campos el hombre construyó una vida cotidiana, con sus normas y sus reglas, para hacerse la vida más soportable en condiciones extremas. Una vida cotidiana con la que buscó darle un sentido a su vida en condiciones dantescas tan absurdas, trágicas y llenas de dolor. Aquellos que le perdieron el sentido a sus vidas se perdieron, no soportaron y no sobrevivieron. Aquellos que lograron escapar de la cámara de gases, del tiro de gracia de los nazis y pudieron reinventar un sentido a sus vidas, en los mismos campos crearon una vida cotidiana y sobrevivieron.38 No es el sufrimiento extremo el que mata, sino la pérdida de sentido de la vida, de la esperanza.
> El tabasqueño es un hombre que ha sabido mezclar la seriedad con la risa, los momentos solemnes con el relajo y la guasa, los días críticos con el desmadre y la ironía, el sufrimiento con el placer y el paseo: sin tanta filosofía, sin tanto calentarse la cabeza.
> A mediados de ese año, el jueves seis de julio, en medio de un calor sofocante y la algarabía de los acarreados fue recibido José Vasconcelos en el aeropuerto de la ciudad de Villahermosa. Muchos de los asistentes y que aclamaban en la multitud, jamás habían oído hablar de Vasconcelos. El aeropuerto estuvo en los terrenos en donde hoy se encuentra Tabasco 2000; la pista ocupaba terrenos que iban desde lo que hoy es la Avenida Prolongación de Paseo Usumacinta, Fraccionamiento de Los Ríos, Nueva Imagen, hasta donde hoy se inicia la Colonia Petrolera en el edificio de La Sección 44. Al día siguiente, viernes 7 de julio, Vasconcelos fue agasajado con un banquete en el edificio de lo que fue la Escuela Granja y que fuera fundada por el gobierno de Tomás Garrido. Junto con el Instituto Juárez, esta escuela significaba la Meca de la educación en Tabasco. Qué mejor lugar para agasajar al gran maestro, educador de México, autor del Ulises Criollo, soñador de una Raza Cósmica y frustrado demócrata maderista contra los incivilizados militares. Al banquete, iniciado a las dos de la tarde, asistieron doscientos comensales. Tomó la palabra el profesor Elpidio López Escobar, quien era director de Educación del Estado; en su discurso el profesor Elpidio dijo con orgullo que su título de maestro estaba firmado por José Vasconcelos cuando en 1921 éste era secretario de Educación.39 Vasconcelos no sólo fue secretario, fundó también esa Secretaría durante el gobierno de Obregón. Fue en aquellos años cuando editó a los clásicos griegos y latinos y soñó con llevar esos libros hasta los rincones más apartados del país para que todos los mexicanos los leyeran. ¡Qué utopía! ¡Qué ingenuidad! No conocía a los mexicanos y menos a los tabasqueños. ¡Regálales un pomo, pero no un libro!
> Al día siguiente el festejado y el gobernador Noé de la Flor inauguraron y participaron en el Congreso Magisterial. Tres días antes se había cerrado la planta deshidratadora de plátano que daba empleo a 150 mujeres y cincuenta hombres debido a que la Confederación Platanera había dejado de proveerle diez toneladas mensuales de dicha fruta, necesaria para funcionar con niveles adecuados de rentabilidad.40
> A su vez, los cacaoteros de Cunduacán no sólo sufrían los impactos de la sequía y lo difícil de las comunicaciones, sino además la ambición de los coyotes y de los usureros. La ausencia de bancos en el estado y de fuentes de financiamiento orillaron siempre a los agricultores a caer en las fauces insaciables de algunos comerciantes, que a su vez la hacían de prestamistas. Antes de 1910 existió en ese municipio una casa comercial importante que fuera propiedad de un español llamado Juan Rodríguez. Esta casa les adelantaba efectivos y mercancías a los productores de cacao, que luego éstos pagaban con la cosecha o con moneda. Al desaparecer esa casa comercial, los préstamos quedaron en manos de pequeños comerciantes o simplemente de usureros que ni giro mercantil tenían. Sin embargo, en esos días que Vasconcelos andaba por Tabasco, los prestamistas le pagaban a los cacaoteros el risible y ruinoso precio de $1.00 por kilogramo cuando la cooperativa les pagaba un precio de $2.90. El problema era que la cooperativa sufría periódicamente de falta de liquidez y eso orillaba a los agricultores, urgidos de dinero, a caer en manos de los usureros. Se sabía que en ese año don Arquímedes Oramas le había proporcionado al presidente de la cooperativa, Hernán Pérez, la cantidad de $24,400 pesos con el fin de prestarlo a los cacaoteros con un pequeño interés, pero esa cantidad no alcanzaba a cubrir las necesidades de liquidez de más de mil agricultores que había en Cunduacán.41
> Mientras don Pepe Vasconcelos continuaba su viaje por la Chontalpa rumbo a Puerto Ceiba, Paraíso, el paludismo endémico seguía deteriorando cuerpos humanos. La parasitosis y la tifoidea, que se agudizaban en esos días de calor, y la desnutrición, entre otros males, seguían destruyendo hombres, mujeres y niños. Mientras el autor de La Tormenta y El Desastre seguía su gira por la Chontalpa, la gente se distraía de sus problemas cotidianos y de su tedio acostumbrado, leyendo y comentando las notas sobre la Segunda Guerra, notas que llegaban con días de retraso. En esos días el cielo alemán se ensombrecía con los miles de aviones que los aliados habían lanzado sobre la ciudad de Berlín. La derrota del ejército alemán y la caída del régimen nazi de Hitler eran inminentes. Se redefinirían nuevas potencias imperialistas para saquear y dominar al mundo; la Guerra Fría estaba por venir.
> Pero a la cultura tabasqueña del jolgorio y de la fiesta no la interrumpía nada, ni nadie. En Paraíso, en la calle 5 de Mayo, don Deyoces Pérez inauguraba una terraza para realizar los bailes sabatinos y construía también pequeñas casas y baños en el balneario “El Limón”.42 Don Antonio Suárez construía un kiosco en el parque, parecido a la casa que Hernán Cortés tuvo en Cuernavaca; ahí se venderían cervezas, mantecados, agua de coco, refrescos y raspaditos. El Chelo Caraveo construía una planta de hielo y don Guillermo Hübner, quien poseía el mejor rancho de copra frente a Puerto Ceiba y era presidente de la Junta de Mejoras Materiales, recibía la antigua planta eléctrica que mal iluminaba ya las calles de Paraíso y a la llorona. De él, de “don Guillermo Billy”, como le decían en ese municipio, don Pepe Bulnes escribía que regaba las calles polvorientas de Paraíso con cervezas heladas y no con agua. El presidente municipal, don Agustín Beltrán, juntaba $6,000 para el reloj municipal. Como en las demás cabeceras municipales, el reloj público instalado en medio del parque o en el edificio del Ayuntamiento simbolizaba progreso y prestigio. La feria del chicle se había celebrado en Tenosique, al igual que la feria del cacao en Comalcalco, en honor al patrono del pueblo, San Isidro Labrador.43
> Embarcado en lancha desde el muelle central de Villahermosa, José Vasconcelos llegó a Puerto Ceiba; era un domingo 9 de julio, casi las diez de la mañana. La brisa que venía del río era fresca y peinaba la ancha frente de don Pepe, una frente y unos ojos rebosados de inteligencia pero que dejaban ver un escondido dejo de amargura; con todo, y maravillado por tanto verde y tanta agua, José Vasconcelos daba profundas muestras de agradecimiento por la calurosa recepción. Lo acompañaba Noé de la Flor, miembros de su gabinete y dos que tres lambiscones. Cerca de tres mil personas aclamaron a los visitantes; les dio la bienvenida el profesor Tito Hernández Olivé con una bella pieza de oratoria. Acompañaban a don Tito el presidente de Paraíso, Agustín Beltrán, y el de Comalcalco, Heberto Moheno. El profesor Hernández Olivé, quien era además director de la escuela primaria Instituto Ingeniero Epafrodito Hernández Carrillo, dijo en su discurso de aquella mañana: “Sepa usted, insigne maestro, que este mensaje no es de conveniencias políticas. No es el recibimiento de un político a otro político, sino el cariñoso homenaje del pueblo de Tabasco al pensador que ha dado prestigio a México y al Continente Americano”.44 Por cierto, don Epafrodito, padre de don Tito, hizo el nuevo plano del poblado de Paraíso cuando el anterior, cuyas casas eran de madera, palma y horcones de árbol, fue quemado en 1872. Dentro de las tantas luchas que sangraron a Tabasco y a nuestro país, esta en que se quemó a Paraíso se debió al resultado de las elecciones habidas en 1871 entre progresistas y radicales; entonces los radicales, cuyo candidato fuera don Pedro Méndez, hermano de don Gregorio, protestaron por un supuesto fraude de los progresistas que le dio el triunfo a don Victorio Dueñas, así como contra la reelección de Juárez; por ello los radicales se sublevaron en Cárdenas y en Paraíso el 18 de diciembre de 1871 encabezados por don Pedro Sánchez Magallanes; se envió a combatirlos a la Guardia Nacional al mando de don Eusebio Castillo, Encarnación Sibaja, José María Sol, entre otros. Al encontrarse Sánchez Magallanes y sus rebeldes guarnecidos en Paraíso, fue sitiado por Encarnación Sibaja, quien mandó a sus hombres a quemar las casas de esa comunidad.45 Es por eso que la cabecera municipal de Paraíso, que se reconstruyó a partir de cero y de un plano en 1872, es el mejor trazado en el estado y tiene las calles perfectamente simétricas y alineadas.
> Una vez terminada la ceremonia de bienvenida en Puerto Ceiba, los viajeros abordaron automóviles para dirigirse a Comalcalco, “La Perla de la Chontalpa”, donde llegaron a las 14:00 horas. Vasconcelos fue recibido también con gran entusiasmo. Ahí el profesor Rosendo Taracena le dio la bienvenida y lo invitó a visitar el museo arqueológico construido por el mismo don Rosendo en el Instituto Comalcalco del que era director. En el plantel del Instituto, Vasconcelos inauguró un monumento a la Madre, monumento tallado en cerámica por el ilustre mentor cunduacanense. Después, el intelectual oaxaqueño visitó la escuela Teresa Vera, para luego ir a comer en la casa de don Heberto Moheno, presidente municipal. Hubo un gran baile además. Sin embargo, el festejado Vasconcelos, el gobernador Noé de la Flor y su comitiva se retiraron para dirigirse a las playas del balneario “El Limón”, en Paraíso, a tomar un baño de mar. Eran las 18:00 horas, una tarde cálida y pachorruda. Se caía el sol allá en el horizonte, perdiéndose entre las olas; los pocos rayos de luz se filtraban con timidez entre las palmeras que jugaban con la brisa; el anochecer desdibujaba el verde paisaje hasta borrarlo por completo, las sombras daban la bienvenida a la noche inminente y, con ella, a las figuras fantasmales que se escondían en la arboleda. El verde mar terminó por tornarse plomizo y se perdió otro día más en la eternidad.
> En ese balneario pernoctó Vasconcelos. Al día siguiente, 10 de julio, temprano, 9:00 horas, él y toda la comitiva se dirigieron de retorno a Puerto Ceiba. En ese pequeño puerto interior tuvo lugar una ceremonia con la que se inauguró la escuela que hoy lleva su nombre. En representación del Gobierno del Estado, el licenciado Máximo Evia le brindó unas palabras para honrar al culto oaxaqueño. Por último, este tomó la palabra y, entre otras cosas, dijo: “La impresión que llevo de Tabasco es que está rehabilitándose después de un largo y doloroso periodo de destrozo administrativo y social… Esta escuela que lleva mi nombre me ha producido una impresión de tierna gratitud porque es limpia y clara y se encuentra colocada en un ambiente tropical que siempre ha sido grato a mi corazón”. Quizá esta última reflexión la hizo Vasconcelos emocionado por los recuerdos de su niñez cuando vivió en la ciudad de Campeche con su padre quien, por su trabajo, era enviado a distintas plazas del país. El padre de don Pepe era de oficio telegrafista, según él mismo nos cuenta en su Ulises Criollo. Luego, dirigiéndose a los maestros, les dijo: “Tenéis la trascendental misión de formar en los niños mentes equilibradas y serenas”.46
> Concluida la ceremonia y los abrazos y saludos de despedida, el festejado oaxaqueño tomó la lancha de regreso a Villahermosa y durmió en lo que hoy es la Quinta Grijalva y la casa oficial de los gobernadores. Al día siguiente, antes de partir rumbo a la Ciudad de México, desayunó tortuga en verde, tamales de pavo y de chipilín, plátanos fritos, maduros y verdes machacados, frijoles refritos, chocolate hecho con cacao criollo, espumoso y caliente, así como café. ¡Todo un desayuno tabasqueño! Amenizó el desayuno con su guitarra y su voz el trovador tabasqueño, Pedro Gutiérrez Cortés. Todo esto nos lo cuenta un reportero que cubrió la fuente.
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El libro, para quien desee adentrarse en la historia de estas dos décadas de Tabasco (1940-1960) 👇
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