CARTA ABIERTA
Por más que lo niegue o se escabulla de los reporteros, Octavio Romero Oropesa –a quien le fascina que le digan “ORO” por las iniciales de su nombre– tiene mucho que explicar. Y no sólo por la debacle financiera en Pemex ni por los proveedores en crisis, sino porque hay una pregunta que no se disuelve con evasivas ni conferencias: ¿por qué le mintió al presidente López Obrador al asegurar que el huachicol ya era cosa del pasado?
La narrativa oficial, esa que vendía boletos al espectáculo del “fin del robo de combustible”, se vino abajo con un solo golpe: 69.3 millones de litros asegurados en unos cuantos meses del nuevo gobierno.
Si eso es lo que se ha incautado apenas arrancando la administración de Claudia Sheinbaum, ¿qué fue lo que realmente sucedió durante los seis años anteriores? ¿Quién protegía a quién?
El tabasqueño Romero Oropesa, quien estuvo en la silla de Pemex durante todo el sexenio de AMLO, podría ser llamado a comparecer por la Fiscalía General de Alejandro Gertz Manero. Porque la orden de Sheinbaum es clara: “hasta donde tope”. No hay margen para la simulación. La presidenta ha sido tajante, y su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, va directo a los nudos del problema. Aquí no hay espacio para “otros datos”.
En el hipotético caso de comparecer, ‘ORO’ deberá explicar por qué entregó cifras maquilladas, por qué ignoró que redes enteras siguieran operando, por qué las advertencias de quienes conocían el monstruo desde adentro, como el general Eduardo León Trauwitz, fueron ignoradas.
Trauwitz, acusado y perseguido, ha soltado una bomba de alto octanaje: asegura que entregó información clave al equipo de transición de AMLO en 2018 –particularmente a Rocío Nahle– y que, en vez de usarla para desmontar la maquinaria criminal, se utilizó para “robar más”.
Grave, por decir lo menos, lo declarado ante la periodista Carmen Aristegui. Según sus palabras, los grandes robos no eran con cubetas, sino con buques, pipas, trenes… y firma de funcionarios.
¿Y Octavio? Callado. Silencio de oro, dicen. Pero el silencio no paga las deudas, ni limpia la reputación, ni borra la sospecha, ni ayudaba al presidente. Tampoco le ayuda mucho que, mientras Pemex quedaba al borde del colapso, él prefiriera repetir el guion optimista antes que enfrentar la podredumbre de saber que la empresa a su cargo perdía, por causa del huachicol fiscal, el 40% del mercado mexicano en la venta de combustibles.
Ahora que está al frente del Infonavit, muchos temen que la historia se repita. Dejar a Pemex en quiebra técnica y saltar a una institución que maneja el dinero de los trabajadores es, como mínimo, preocupante.
Mientras el gobierno de Sheinbaum acelera en la lucha contra el huachicol, cae por su propio peso la versión de que el combate fue un éxito sexenal. Los decomisos no mienten, las investigaciones avanzan y los nombres comienzan a flotar. Que el director de Pemex de todo un sexenio tenga que explicar tanto, dice mucho. Demasiado.
Y si la consigna es llegar hasta donde tope, que no se detenga la locomotora que comandan Sheinbaum y Harfuch.
: LA RÚBRICA
La más reciente edición de Proceso revela un movimiento silencioso, pero nada menor: el equipo más cercano a Octavio Romero ha regresado a puestos clave dentro de Petróleos Mexicanos. En la sesión 1036 del Consejo de Administración de Pemex, celebrada en mayo, se aprobó una reestructura que, más que institucional, huele a reinstalación política. El llamado “Oro” vuelve a relucir en Pemex, colocando a sus cercanos en cuatro de las diez direcciones ejecutivas. Y mientras el discurso oficial habla de recuperar el carácter público de la empresa, el documento muestra que se redujeron áreas de vigilancia y se mantuvo intacta la vieja estructura sindical. ¿De verdad se trata de una reconfiguración para fortalecer a Pemex o es simplemente un reacomodo para blindar lealtades y proteger intereses? Proceso, un medio identificado con la 4T, pone el foco donde más incomoda: el papel de títere, de agazapado, que desempeña el actual director: Víctor Rodríguez Padilla… El vocero diocesano Denis Ochoa Vidal ha planteado una reflexión pertinente sobre la importancia de la comunicación gubernamental en el proyecto del Museo Nacional Olmeca. Su solicitud de transparencia responde a una inquietud ciudadana, no a una oposición al desarrollo cultural. La propuesta del vocero es sensata: establecer canales de comunicación efectivos entre autoridades y ciudadanía para saber si se edificará o no, y bajo qué parámetros. Por lo pronto, se sabe que el parque museo La Venta será remozado, sin alterar el legado del poeta Carlos Pellicer. Así, se opta por dar continuidad al trabajo iniciado en 2023 y 2024 por el entonces mandatario Carlos Manuel Merino, quien invirtió cerca de 23 millones de pesos en la remodelación de varias áreas clave. La decisión de May, al no permitir que arquitectos foráneos destruyan el parque-museo La Venta, le ha granjeado muchas simpatías dentro del colectivo. May deja atrás el viejo estilo priista de destruir lo bueno que el gobierno precedente había hecho.
