CARTA ABIERTA
El expediente Hernán Bermúdez Requena –o más bien, el uso político del caso– ha revelado que algunas facciones morenistas están dispuestas a revolver el pasado para cobrarse supuestos agravios, cueste lo que cueste. Las acusaciones contra el exsecretario de Seguridad de Adán Augusto han sido amplificadas con entusiasmo inusitado por algunas corrientes morenistas, aunque con ello se estén llevando entre las ruedas a la mismísima presidenta Sheinbaum.
La maniobra es clara: más que justicia, que desde luego debe aplicarse en el caso del exjefe policíaco sobre la base de pruebas sólidas y un juicio justo, lo que hay es un ajuste de cuentas interno. Y eso fue exactamente lo que intentó detener Alfonso Durazo el domingo, en el Consejo Nacional de Morena.
Con un tono severo, el también gobernador de Sonora lanzó un mensaje que resonó como bofetada en rostro propio. Señaló sin rodeos que las tensiones recientes no venían de fuera, sino que se cocinaban en casa, entre sus mismos cuadros que ahora desenvainan las espadas con la torpeza de quien no ve que también hiere a la inquilina de Palacio.
“Eso simple y sencillamente no puede ser”, dijo Durazo en lo que fue una orden encubierta, un alto en seco. No hablaba sólo por él, sino con el aval de Sheinbaum, quien, según trascendió, fue informada del contenido del discurso.
El código fue claro: no más juego sucio dentro de casa. Porque si algo tiene claro la presidenta es que no se puede gobernar con la espalda expuesta a las puñaladas del propio equipo.
El problema, sin embargo, ya no es la acusación contra Bermúdez, sino el efecto dominó que desató. Al apuntar hacia Adán, lo que la facción aludida por Durazo está logrando es quebrar la precaria cohesión de Morena, confrontar a los grupos en el poder y, en un giro irónico, debilitar la estatura política de la propia Sheinbaum, justo cuando más necesita fuerza interna ante los embates de dentro y fuera el país.
Nadie en la 4T gana en este escenario: ni el movimiento, ni el gobierno, ni el legado de López Obrador. Solo ganan los adversarios, los de afuera y los de siempre.
Y es que para nadie pasó inadvertido cuando en el salón del hotel Barceló de la Ciudad de México, sede del evento morenista, comenzaron a escucharse los vítores de “¡no estás solo!”, “¡no estás solo!”, a favor de Adán, lo que, con seguridad, hizo fruncir el ceño a más de uno de los asistentes.
Al hacer un recuento final, el mensaje duro del cónclave guinda para sus pesos pesados: si quieren saldar cuentas, no destruyan el puente mientras lo cruzan, porque ese mismo puente sostiene a Sheinbaum, sostiene a López Obrador, sostiene a Morena y, guste o no, todavía sostiene lo que queda de credibilidad a la 4T.
Por demás, que la ley siga su curso en el caso de Bermúdez Requena, quien tiene derecho a un juicio justo, a pesar de que ya se le ha declarado culpable en los corrillos políticos locales, en los medios informativos y las redes sociales.
: LA RÚBRICA
La ausencia de Andrés Manuel López Beltrán en la sesión extraordinaria del Consejo Nacional de Morena levantó más preguntas que respuestas. La explicación oficial –“temas personales”– intenta disipar cualquier especulación, pero no evita la sombra que proyecta su presencia dentro del partido. Aunque se le atribuyó la autoría de algunos de los documentos presentados, su no presencia en un momento tan importante alimenta las más diversas especulaciones, entre ellas que estaría cuidando de su padre por un tema de salud. Que la secretaria general Carolina Rangel se apresure a destacar la buena salud del expresidente AMLO sugiere que el motivo es otro. Andy ocupa un cargo con poder estratégico como secretario de Organización, y ya van casi dos meses que no se le ve en público… La visita de Claudia Sheinbaum a Tabasco dejó un anuncio que suena ambicioso: dos mil millones de pesos para rescatar el sistema de salud en los próximos tres años. Macuspana, Teapa, Comalcalco y Cárdenas fueron los municipios con promesas más concretas. Tomógrafos nuevos, quirófanos, sustituciones hospitalarias, turnos completos… todo parece pensado para dar un vuelco al deterioro crónico de la infraestructura médica estatal. Lo que se espera ahora no es un catálogo de buenas intenciones, sino obras funcionales, personal bien pagado y servicios médicos que no dependan del color del gobierno. Si se logra, será un cambio real.
