La Agenda en Red
En estas últimas fechas, hemos visto muy activo en redes, en entrevistas en los principales medios de comunicación nacionales al ingeniero Ramsés Pech, quien muchos consideran una eminencia en materia de hidrocarburos, producción de energía y temas relacionados. Su participación y conocimientos son valorados por su experiencia y capacidad para analizar los problemas del sector energético. Un talento desperdiciado.
Sin embargo, también hay quienes opinan que en nuestro país, en ocasiones, se prioriza la lealtad política por encima del conocimiento técnico y la experiencia real, lo cual puede ser perjudicial para la toma de decisiones acertadas.
Este fenómeno no es nuevo. Recordemos que en el pasado, durante el gobierno obradorista, se nombraron a personas en cargos importantes en PEMEX y otras instituciones, como los consejeros independientes Eduardo Beltrán y Humberto Mayans, quienes, sin ser expertos en hidrocarburos ni en temas energéticos, fueron designados en puestos clave. Lo llamativo es que, pese a su falta de conocimiento técnico, recibieron salarios elevados y beneficios que, en muchas ocasiones, no estaban justificadas por su aportación real. Este tipo de decisiones reflejan un patrón de despilfarro y de priorizar el favoritismo político, en lugar de la capacidad y la experiencia.
Este ejemplo es solo una muestra de los errores cometidos por el pasado gobierno, en el que millones de pesos fueron gastados en salarios y prestaciones a personas sin aportaciones relevantes ni conocimientos demostrados en sus áreas. La consecuencia de esto fue una gestión ineficiente, que no resolvió los problemas estructurales del país y, en algunos casos, los agravó.
Por otro lado, en nuestro país existen muchos profesionales y expertos en distintas áreas —economía, energía, salud, seguridad— que poseen el conocimiento y la experiencia necesarios para enfrentar los graves problemas nacionales. Sin embargo, en muchas ocasiones, estos expertos permanecen en la sombra o son excluidos del proceso de toma de decisiones, en favor de personajes que, por lealtad política, ocupan cargos sin la preparación adecuada. Esto, en realidad, puede entenderse como una forma de corrupción, porque se privilegia la lealtad y la lealtad ciega sobre la capacidad técnica y la honestidad profesional.
Como decía el expresidente López Obrador, “yo requiero 90% lealtad y 10% conocimiento”, y esa fue la estrategia que prevaleció en su gobierno. La idea era confiar en la lealtad del equipo, aunque eso implicara decisiones improvisadas o errores que, a largo plazo, afectaron al país, hasta en lo económico. Quizá nunca hubo una intención de engañar, pero sí una toma de decisiones equivocadas basadas en intereses políticos y en mantener el control, dejando de lado la experiencia y la competencia.
Esta situación explica, en buena medida, muchos de los errores y dificultades que enfrentamos actualmente. La falta de personas capacitadas y con experiencia en posiciones clave limita la capacidad del país para resolver los problemas estructurales que nos aquejan, como la crisis energética, la inseguridad, la economía estancada y otros desafíos.
Por eso, no debemos exigir demasiado a la llamada «Cuarta Transformación» o a quienes la dirigen. Seguiremos en un estado de espera, en un “ayuno” de personas con los conocimientos necesarios para afrontar los graves problemas del país. La esperanza de un cambio real y efectivo solo llegará cuando se valore y se promueva la experiencia y la competencia en las decisiones públicas, en lugar de la lealtad política sin fundamento técnico.
