CARTA ABIERTA
La presidenta fue consultada –con evidente intención– sobre las imágenes de Andrés Manuel López Beltrán paseando por Tokio, saliendo de tiendas de lujo y reservando espacios exclusivos en un hotel de cinco estrellas. La respuesta fue breve, medida, pero lapidaria: “El poder se ejerce con humildad, porque nosotros tenemos una responsabilidad política”.
No mencionó a Andy por su nombre. No hizo ninguna defensa. No suavizó el tema con frases evasivas. Simplemente trazó una línea clara entre lo que ella representa y lo que su correligionario, el hijo del expresidente, ha decidido hacer en el extranjero.
Nadie en el equipo de Sheinbaum permite una pregunta espontánea sin control previo. Por eso sorprendió que un periodista le lanzara justo esa cuestión, de forma directa, cuando las imágenes acababan de salir.
Todo indica que la pregunta fue calculada para que la presidenta pudiera marcar su postura: no hay espacio para los lujos ostentosos dentro del proyecto que encabeza. Y el mensaje fue, en todos los sentidos, un jalón de orejas público a Andy.
El gesto es significativo. Habla de una molestia personal o política, de una ruptura más profunda. Los claudistas están dejando de tolerar las licencias de los obradoristas. Sheinbaum parece cansada de tener que pagar los costos de una doble moral que se ha vuelto insostenible. ¿Cómo sostener el discurso de la austeridad, si los rostros visibles del movimiento se pasean por tiendas Prada en Tokio o brindan en viñedos europeos?
El caso de Andy no es aislado. La respuesta de Mario Delgado en la mañanera sobre su escapada a Portugal —seca, molesta, con el ceño fruncido— reflejó el ambiente enrarecido dentro de Morena. Gerardo Fernández Noroña, Pedro Haces, Monreal… la lista de quienes actúan al margen del discurso presidencial crece, al igual que la distancia entre Palacio Nacional y Palenque.
En este contexto, la presidenta optó por trazar una frontera. Ella no será cómplice de esos excesos. Si Andy, a pesar de ocupar un cargo partidista clave como secretario de Organización, prefiere no atender el llamado a la “justa medianía” y se ausenta del Consejo Nacional de Morena para recorrer barrios caros de Tokio, tendrá que atenerse a las consecuencias políticas y morales de ese desdén.
Claudia Sheinbaum no necesita confrontar de manera abierta para dejar en claro su inconformidad. El verdadero poder se ejerce justo así: con un mensaje seco, una frase calculada, y una sutileza que se escucha más que cualquier crítica ensordecedora.
¿Qué dirá de todo esto Luisa María Alcalde, la que en el reciente Consejo Nacional también pidió a sus compañeros predicar con el ejemplo de la austeridad?
