CARTA ABIERTA
Alejandro Moreno Cárdenas ha llevado el arte del cinismo a esos niveles que por décadas practicó la vieja guardia priista. No contento con haber convertido al PRI en un feudo para mantenerse en el poder, ahora intenta usarlo como escudo personal para negociar impunidad y acuerdos gansteriles.
El objetivo de su más reciente pataleta es claro: presionar, chantajear, y si se deja, someter a Adán Augusto. La estrategia es burda, pero eficaz para titulares: denuncias penales ante la FGR contra gobernadores, funcionarios y hasta el expresidente López Obrador por presuntos vínculos con el crimen organizado.
¿Pero qué hay detrás de tanta vehemencia súbita? El miedo, esa es la clave.
Moreno Cárdenas se juega el pellejo político y judicial. La segunda solicitud de desafuero ya ronda por los pasillos del Congreso federal. Y no es un simple trámite. La Fiscalía de Campeche –sí, la que cateó ocho de sus propiedades el 4 de junio de 2022– tiene cuentas pendientes con el senador. Aquella diligencia desveló los lujos de un sultán: baños de mármol de Carrara, coches de alta gama, relojes para llenar una bóveda de banco, y hasta perreras con aire acondicionado. Todo, según él, propiedad de un «vecino». ¿En serio?
Ahora bien, su repentina embestida contra Adán Augusto tiene un matiz interesante. No sólo exige su renuncia a la Junta de Coordinación Política del Senado; lo hace mientras despliega a su peón más servil, el diputado Erubiel Alonso, para despotricar desde medios afines, vinculando al tabasqueño con grupos criminales y empresas fantasma.
No hay pruebas sólidas, pero la idea no es judicializar, sino ensuciar. Alito busca intercambiar barro por blindaje. Y Adán, que no es precisamente nuevo en los juegos de poder, ha preferido guardar silencio, lo cual solo alimenta la sospecha de que el chantaje es real.
En este juego, Alito no es un político, es un sobreviviente que ha vendido hasta el acta de nacimiento del PRI con tal de no enfrentar la justicia.
Que se atreva a hablar de crimen organizado mientras luce en Oporto, Portugal, un reloj de nueve millones de pesos —sí, el Richard Mille que ya es leyenda en redes sociales— es una bofetada a cualquier priista con algo de dignidad.
El hombre que presume de combatir la corrupción mientras esquiva sus propias sombras no está en condiciones de pedir cuentas a nadie. Mucho menos a un morenista, por más adversario que sea.
Lo preocupante es que este personaje siga teniendo fuero, cámara, y reflectores. Su cruzada moralista es tan creíble como un discurso de austeridad en un yate en Mónaco. Mientras el PRI se desmorona y sus militantes se preguntan qué hicieron para merecerlo, Alito sigue operando como si nada, negociando, manoteando. Y lo peor: vendiendo cara su caída.
Porque eso es lo que busca evitar. No se trata de justicia, se trata de miedo. Miedo al desafuero, miedo a una celda, miedo a que sus baños de Carrara sean sustituidos por un sanitario de concreto. Lo que quiere Alito no es justicia, es tiempo. Y para eso, está dispuesto a arrastrar a quien sea, así sea entregar al maltrecho PRI de Tabasco como ofrenda a quien una vez echara de sus filas: Andrés Manuel López Obrador.
: LA RÚBRICA
La firma del Convenio General de Colaboración entre el gobernador Javier May y la alcaldesa Yolanda Osuna confirma que es posible coordinar esfuerzos. El objetivo: dar nueva vida al Barrio Mágico y al Centro Antiguo de Villahermosa, con apoyo de la sociedad civil. Hubo acciones concretas: pintura de fachadas, mejora de vialidades, mantenimiento de infraestructura y rescate de espacios públicos. La creación de una Comisión Técnica con participación ciudadana es una buena idea. La relación entre May y Osuna ha sido constante, práctica, lo que permite que los proyectos fluyan. Este tipo de entendimientos entre el gobierno estatal y el municipal se da sin improvisaciones ni disputa por los méritos; sólo hay un trabajo conjunto que reconoce la importancia de mejorar el presente urbano… Setenta jóvenes participaron en el Campamento Aeroespacial “Código Europa”, organizado por Aeropuertos y Servicios Auxiliares, ASA, y la Fundación Katya Echazarreta, con apoyo de la diputada Gabriela Basto. El evento es relevante por la narrativa inspiradora, por el hecho concreto de que una institución pública se vincula con ciencia y tecnología de forma práctica. El director de ASA, Carlos Manuel Merino, permite que el organismo bajo su cargo salga de su importante rol administrativo, para abrir espacio a nuevas generaciones. La presencia política, en este caso, no estorba.
