CARTA ABIERTA
La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum ha desatado un debate de gran magnitud y diversas reacciones, tras la designación de Pablo Gómez como coordinador de la comisión encargada de esta iniciativa.
Su nombramiento es un punto focal de discusión. Su gestión en la UIF fue percibida como ineficaz en el combate al lavado de dinero y se le atribuyó haber perseguido y exhibido ilegalmente a opositores.
A la vez, la salida de Gómez de la UIF puede ser vista como un mensaje a Washington que promete un combate más efectivo a las estructuras financieras del crimen. Y es que su relevo, Omar Reyes Colmenares, es descrito como un profesional técnico sin ideología política, con experiencia en inteligencia y buenas relaciones con Estados Unidos.
Hay dudas sobre si en su nuevo papel Gómez actuará con la pluralidad que defendía en el pasado –cuando estaba en contra del hiperpresidencialismo, la idea de un partido único como el PRI y a favor de los contrapesos al poder– o si su postura será dogmática a favor de la 4T.
Por otro lado, algunos interpretan su nombramiento como una «cuña política» para limitar la influencia de Ricardo Monreal y Adán Augusto en las modificaciones legales que busca Sheinbaum.
Entre las propuestas adelantadas se encuentran la eliminación de los legisladores plurinominales y la reducción del dinero destinado a las elecciones y los partidos políticos. Estas propuestas son consideradas por algunos como «dos retrocesos» en lugar de avances.
La reforma electoral es de la más alta trascendencia, incluso más que la reforma judicial, pues en ella se juega el sistema político, la democracia y la pluralidad.
Al mismo tiempo, Ricardo Monreal ha expresado inquietudes significativas, advirtiendo un “riesgo de ruptura interna en Morena”. Según el líder de los diputados oficialistas, la reforma abrirá una «etapa de disputa interna insalvable».
Él cree que Morena sería el partido más perjudicado si esa división ocurre, y para evitarlo, deben mantenerse unidos, sin descalificaciones ni «diatribas internas», actuando con «madurez y disciplina».
Instó a que la reforma tenga consenso, participación de la oposición, un grupo plural para su discusión y un debate democrático y técnico. Monreal lee la situación como una que «va a definir el futuro político de México» y advierte que «puede haber confrontaciones muy fuertes».
El llamado es para que la Comisión Electoral sea plural y escuche las voces de la oposición y de expertos independientes. Además, están los problemas graves del modelo electoral, como la infiltración del crimen organizado y la violencia política, así como la amenaza de que Morena se convierta en un partido político de Estado ante una oposición debilitada y un oficialismo que concentra el poder.
La reforma electoral será el termómetro y el legado de la presidenta Sheinbaum.
