Tiempo de Política
No se ha presentado la propuesta de la Reforma Electoral y ya están las descalificaciones a priori, como era de esperarse de una oposición al morenismo, por la falta de un proyecto de nación que ocupe su agenda y no la de contestar al oficialismo en el poder.
Tampoco a priori se le debe dar un cheque en blanco al proyecto que presentará Pablo Gómez, el recién corrido de la Unidad de Inteligencia Financiera, por no cumplir con su papel de detectar el lavado de dinero en el sistema financiero nacional.
A reserva de conocer el contenido de esa propuesta de Reforma Electoral, deben abordarse dos temas fundamentales, ineludibles:
-La continuidad de los legisladores, diputados y senadores, plurinominales, es decir, la representatividad mínima de acuerdo a la votación obtenida por los partidos chicos que no alcanzan a ganar distritos de mayoría.
-La obesidad de ambas cámaras, la de Diputados con 500 curules y el Senado con 128 escaños.
Volvemos al reiterado ejemplo comparativo con los Estados Unidos con 330 millones de habitantes, por 130 millones de Mexicanos y que decir de los dos billones de dólares de nuestro Producto Interno Bruto por los abismales 25 billones de los vecinos.
El punto es que ellos solo tienen 100 senadores, dos por cada estado, como alguna vez los tuvo México, con 64 legisladores.
En la Cámara de Representantes ellos tienen 435, por los 500 de nuestra obesa Cámara de Diputados federal.
Está probado que solo el 10 por ciento de los legisladores de ambas cámaras de México son los que trabajan en cabildeo, participación en tribuna y presentación de iniciativas de ley.
Lo prudente económicamente es que los 500 diputados se reduzcan a 300, 200 (250) de mayoría y 100 (50) plurinominales y de 128 a 64 senadores.
El tema de la representatividad tiene también dos aspectos, uno positivo y otro negativo.
-Las bondades. Contar con una mayoría calificada permite una gobernabilidad para aplicar las políticas que se plantearon en las campañas y por las cuales se votó al partido ganador.
De hecho, en la mayoría de los países europeos el partido que gana las elecciones establece alianzas con otros partidos, para “hacer gobierno”.
-El ángulo negativo se presenta en democracias endebles, como la mexicana, donde los partidos perdedores, sin compromiso nacional, sin principios cívicos, se dedican a obstaculizar las políticas públicas, por un sentido egoísta político-electoral, para regresar al poder lo más pronto posible, sin importar el daño al país o a un estado. Una máxima mezquina: Si le va mal al gobierno y en consecuencia a los mexicanos, le va bien a los partidos opositores y a sus financieros.
Así ocurrió, por ejemplo, con la Reforma Eléctrica que planteaba la reducción a las tarifas para los consumidores domésticos, e incluso para todas las empresas que les permitirían ser más competitivas. Todos los legisladores de los partidos de oposición votaron en contra. Se habló de un cabildeo millonario.
Fue el Poder Judicial, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la que la declaró inconstitucional, para favorecer a unas cuantas empresas fundamentalmente extranjeras generadoras de energía, que no pagan el uso de la infraestructura de la CFE y también con el fraude de la autogeneración, porque venden la electricidad subsidiada a cadenas comerciales.
El ejemplo más claro es el de las 20 mil tiendas OXXO tapizada de congeladores y propiedad de una sola familia, que pagan en promedio solo 400 pesos al bimestre, mientras una tienda de la colonia o ranchería, sostén de una familia, con un refrigerador, pagan hasta 4 mil pesos.
La Reforma Electoral que viene debe ser ampliamente discutida, para alcanzar una legitimación en los próximos comicios y lograr una democracia sin calificativos.
TIEMPO FUERA.- Ciertamente esta reforma electoral marcará el destino de la renovación de los 500 diputados federales y 16 gubernaturas en el 2027, que a su vez será determinante para la sucesión presidencial del 2030.
