La Agenda en Red
El nuevo Plan Estratégico 2025–2035 de Pemex, presentado por el gobierno de Claudia Sheinbaum, promete eficiencia, sostenibilidad y transparencia. Pero detrás de sus objetivos productivos se esconde una omisión que podría convertirse en una tragedia económica para el sur-sureste del país: el olvido deliberado de los adeudos anteriores con proveedores.
Miles de empresas que ya prestaron servicios, que ya entregaron materiales, que ya cumplieron con su parte del contrato, hoy quedan fuera del esquema de pagos. No hay calendario, no hay compromiso, no hay garantía. Sólo una frase ambigua: “la ejecución se hará conforme a la disponibilidad de recursos”.
¿Y qué pasa cuando esos recursos no alcanzan? Lo que pasa es que se cierran talleres, se despiden trabajadores, se paralizan economías locales. Lo que pasa es que Tabasco, Campeche y Veracruz (estados históricamente ligados al corazón petrolero del país) ven cómo se desmorona su cadena productiva.
La deuda comercial de Pemex con proveedores asciende a más de 430 mil millones de pesos!!. De ese monto, 94 mil millones de pesos afectan directamente a empresas de servicios petroleros. Son empresas que no especulan, que no viven del discurso, sino del trabajo diario. Y hoy, ese trabajo queda sin recompensa.
No se puede hablar de rescate sin justicia. No se puede hablar de transparencia sin honrar los compromisos adquiridos. Y no se puede hablar de desarrollo si se deja atrás a quienes ya pusieron su parte.
Pemex no puede ser el símbolo de un país que olvida a sus proveedores. Debe ser el ejemplo de un Estado que cumple, que responde, que respeta.
Pemex no puede seguir operando como si la deuda fuera un asunto secundario. Cada factura que no se paga, es una historia de esfuerzo truncado, de empleos en riesgo, de familias que dependen de una cadena productiva que hoy se rompe por decisión política.
Si el Estado mexicano quiere recuperar la confianza de sus ciudadanos, debe empezar por cumplirle a quienes ya cumplieron. No hay estrategia energética que valga si se construye sobre el abandono de los proveedores. No hay futuro petrolero si se traiciona el presente económico de Tabasco, Campeche y Veracruz.
Porque cuando el gobierno decide no pagar, no está ahorrando: está condenando. Y cuando Pemex se deslinda de sus compromisos, no está saneando sus finanzas: está desangrando a las regiones que lo sostienen.
Va directo:
La deuda no se borra con discursos. Se honra con pagos. Y se enfrenta con responsabilidad.
