El Comején…T en @Carta Abierta
Después de varios meses sin vernos, ex alumnos del antiguo Tec de Villahermosa decidimos reunirnos con el pretexto de los cumpleaños de Domingo Landero y Roberto Castillo, en la residencia de Trino Vasconcelos, que terminó más bien en la boda de Teo Pérez y María Zurita, recasados por una juez de la 4T, Sandra Carbajal.
Por primera vez no hablamos de enfermedades seniles, ni la mesa de regalos fue de medicinas y aparatos ortopédicos, aunque el incipiente equipo de bastoneros se está integrando con Cucho Ovando y Licho De la Cruz.
Mientras Domingo repartía la barbacoa (que estuvo muy rica), el perro negro de Trino, aguardaba pacientemente su turno, en caso de que se acabara la ración contemplada.
En una mesa degustaba Roberto Castillo con Magda Cerino, Naty Maracuyá, que llevó un exquisito licor de guanábana, Sandra Carbajal, Juan Magaña y esposa, Cielo Puche, Roberto De la Cruz ‘el Puma’, Olayo Oropeza y Luis Lázaro ‘Mafia’.
En la otra, Cucho Ovando, Flor Castro y su príncipe de chocolate, Javier Ramos, Bertila Morales, Lupita Gutiérrez, Trino Vasconcelos y esposa, Licho de la Cruz y su señora Luz Jesús, Lichi Rodríguez y su esposa, y un servidor.
Teo Pérez y María Zurita llegaron a lo último y se sentaron, solos, en una mesa, la cual fue bautizada como ‘la mesa de honor de los novios’; ahí la juez Sandra Carbajal les leyó ‘la pistola’ de Melchor Ocampo y el padre Rubén (Trino), los declaró marido y mujer.
Llegó la hora de la cantada y todos pasamos a dar nuestros mejores gorgoritos; afortunadamente a nadie se nos fue ‘el gallo’, pues ya no somos adolescentes, pero sí se nos fueron las letras, por culpa del alemán.
Al final de la velada, cuando ya el dueño de la casa quería que se fueran todos (sin decirlo), Licho y ‘el Puma’ decidieron ‘ver pa´dentro’ un buen rato.
Más de 1,365 años de experiencia y errores, reunidos esa tarde-noche, bajo un árbol de mango, junto a la orilla de la laguna de Las Ilusiones, nos hicieron recordar un sinfín de anécdotas, que cada vez que nos vemos, las repetimos, y nos reímos ¡como si nunca las hubiéramos escuchado! Así es la bendita vejez.
