Carta Abierta nacional
En los tribunales de Estados Unidos, Ismael “El Mayo” Zambada ha decidido, al fin, abrir la boca. Y lo ha hecho con la fuerza de un tenor en plena gala, como si de pronto Luciano Pavarotti regresara a escena para entonar una aria demoledora.
El capo sinaloense, después de medio siglo en las sombras, se declaró culpable de delitos que incluyen tráfico internacional de drogas y la construcción de un emporio criminal.
Lo estruendoso no fue la admisión de sus crímenes (eso ya lo sabíamos), sino el inicio de lo que parece ser su repertorio principal: cantar los nombres de policías, militares y políticos que le sirvieron de escudo durante décadas.
La metáfora operística no es gratuita. El “Mayo” no está improvisando un corrido, sino afinando una pieza de alto registro, cargada de notas que pueden desmoronar a más de un gobierno.
Se habla de que en su partitura figuran también nombres ligados tanto al PAN como al PRI, es decir, a quienes en distintos momentos ocuparon la batuta de la nación.
Su confesión no se limita al pasado remoto: también insinúa que entre los beneficiarios de sus sobornos se cuentan personajes aún vigentes, hombres y mujeres que hoy ocupan cargos de peso en la política mexicana.
Como en una ópera, cada acto tendrá su propio dramatismo. El prólogo fue su declaración de culpabilidad, un reconocimiento abierto de haber financiado con dólares y cocaína la impunidad que le permitió mantenerse intocable.
El segundo acto —que apenas empieza— será la revelación de nombres, el coro de políticos y uniformados que, en complicidad, bailaron al compás de su orquesta criminal.
El desenlace podría ser devastador, no solo para quienes queden expuestos, sino para la credibilidad de instituciones que, una vez más, muestran haber sido cómplices del crimen al más alto nivel.
La analogía con Pavarotti se ajusta: el Mayo ha decidido que su despedida del escenario no será en silencio.
No morirá como un fantasma de las montañas sinaloenses, sino como el cantante que, frente a jueces y fiscales, interpreta la aria más incómoda que haya escuchado la política mexicana.
Y si sus palabras se confirman, veremos caer telones que hasta ahora parecían indestructibles: generales condecorados, exsecretarios de Estado, gobernadores de distintos colores, quizá hasta ex presidentes que juraron mano firme contra el narcotráfico.
La pregunta es si México tendrá oídos para escucharla.
