La Agenda En Red
En julio de 2025, México alcanzó el mayor nivel de deuda pública en su historia: 18.07 billones de pesos, un salto de 1.67 billones respecto al mismo mes del año anterior.
Esta cifra no solo es alarmante por su magnitud, sino por su destino: no se invierte en infraestructura, ni en competitividad, sino en pagar los propios intereses de la deuda, que este año superarán los 1.2 billones de pesos.
Cada día, el país se endeuda en 4,575 millones de pesos. ¿Para qué? Para sostener un modelo de gasto social que no genera crecimiento, pero sí votos.
Un modelo que compromete el 15% de todos los ingresos del gobierno solo en el costo financiero de la deuda. Y aunque se repite que el nivel es “manejable” porque representa cerca del 50% del PIB, lo cierto es que la deuda no deja de crecer, y el margen de maniobra fiscal se reduce cada vez más.
Este no es un problema técnico. Es un problema ético. Porque mientras se presume “estabilidad macroeconómica”, se oculta que el país está hipotecando su futuro para sostener un presente electoral.
No hay inversión en ciencia, en salud pública, en infraestructura que transforme.
La deuda no es solo un número. Es el reflejo de un país que ha dejado de construir para solo administrar, y mal por cierto.
Y eso, es lo que tenemos que denunciar.
