CARTA ABIERTA
Hay frases que son piedras en el camino. Gerardo Gaudiano acaba de soltar una de esas que se quedan flotando en el aire: “ya dejen descansar a Granier”. Lo dijo sin titubeos, como si la edad del exgobernador fuera un argumento suficiente para borrarlo de cualquier conversación política.
El problema es que Tabasco no olvida. Granier podrá ser muchas cosas, pero lo que nadie le discute es que todavía mueve gente. En 2021 y 2024 fue su activismo el que evitó que el PRI desapareciera del mapa electoral local. En un estado dominado por Morena, con oposiciones que parecen pelearse entre migajas, ese capital político vale. ¿Y qué hace Gaudiano? Le da la espalda.
La escena raya en lo absurdo: el dirigente naranja cierra las puertas a Granier, pero las entreabre para Luis Felipe Graham. Nadie en su sano juicio pondría en la misma balanza a uno y a otro. Mientras Granier pagaba casi seis años de cárcel por una persecución política del gobernador perredista Arturo Núñez Jiménez, Graham se escondía en algún rincón, esperando a que pasara la tormenta. Y ahora, según Gaudiano, es “un extraordinario cuadro”.
El trasfondo parece más personal que estratégico. Como no fue Gaudiano quien pensó primero en Granier, le incomoda la idea de verlo llegar de la mano de otros. Un berrinche disfrazado de prudencia. Y claro, en la entrevista en Telerreportaje, su discurso se enredó hasta quedar claro que lo suyo no es sumar, sino marcar territorio.
Lo peligroso de su postura es la exclusión, el aire de discriminación que se esconde en esa frase de “déjenlo descansar”. ¿Quién decide cuándo un político debe retirarse? El voto, no un dirigente. La edad, en todo caso, puede ser un estigma para quien no tiene arrastre; pero Granier (77 años), guste o no, aún lo conserva.
Gaudiano dice que ya trabaja para 2027 y se apunta para 2030. Bonito calendario, pero los calendarios no ganan elecciones. Lo que gana son las alianzas, las cartas bien jugadas, las figuras con experiencia que suman más allá de las simpatías personales. Y ahí, cerrar la puerta al Químico no es un gesto de fuerza, sino un lujo que Movimiento Ciudadano no debería permitirse.
Quizá, al final, no sea el veterano Granier quien necesita descanso. Tal vez el obligado a replantearse es el buen Gerardo.
: LA RÚBRICA
La telenovela morenista en Tabasco sumó un capítulo digno de horario estelar: la reaparición de Hiram Llergo en la Cámara de Diputados federal. Sí, el mismo Hiram, hermano de Mario Llergo, funcionario de la Secretaria de Educación que dirige Mario Delgado. Entre hermanos, parece que el destino les reservó el papel de actores en el teatro político, pero con diálogos cargados de dramatismo. Hiram salió del Creset con suspensión en mano y bandera en alto: asegura ser víctima de persecución política. Lo dijo con solemnidad, rodeado de camaradas petistas que, entre suspiros indignados, prometieron acompañarlo hasta las últimas consecuencias. El guion no escatimó en frases épicas: “dar la cara al país”, “dar la cara a Tabasco”, “dar la cara a Teapa”… todo un festival de caras. La guerra entre las facciones de la 4T sigue más viva que nunca. Nadie sabe quién acusa a quién, pero todos se sienten perseguidos. Lo cierto es que la disputa interna del exedén se desborda hasta la capital. Y lo peor es que esto apenas comienza. Qué fuerte se llevan los camaradas de la 4T en el feudo de AMLO…El PRI estatal parece haber decidido dejar de pelear con machete y mejor rendirse con abanico en mano. Miguel Barrueta se reunió con Humberto de los Santos Bertruy, ese político tan inquieto que ha pasado por más partidos que un DJ por playlists. Bertruy, que ya desfiló por el PRD, el PVEM y cuanto logotipo encontró en su camino, ahora anda empeñado en fundar su propio changarro con la Unión Democrática por Tabasco A.C. La foto del encuentro la subió Barrueta a redes, con frases dignas de calendario motivacional: “la suma de voluntades hace la diferencia”. Sí, pero la diferencia ¿para quién? Porque todo huele a que esta “alianza” es más bien una pasarela para que el PRI no muera desangrado en 2027 y se refugie bajo las alas del partido nuevo que sueña Bertruy. Lo curioso es que este coqueteo abre la puerta al eterno fantasma político: Evaristo Hernández, compadre de Bertruy y experto en regresar como si el tiempo no pasara. Al final, el PRI tabasqueño parece apostar por la estrategia más cómoda: dejar que otros les hagan la chamba y rezar para que la resurrección venga en combo: con pozol y dulce de coco.
