La Agenda en Red
El paquete económico 2026 ya está sobre la mesa. Y lo que trae no es solo una serie de cifras: es una declaración de prioridades.
Más impuestos en todo —refrescos, cigarros, alcohol, videojuegos, gasolina— y menos inversión en salud.
¿Menos vacunas?
¿Menos atención médica?
¿Menos futuro para los más vulnerables?
Mientras tanto, el gobierno destina millones a su aerolínea estatal.
¿De verdad eso es prioridad en un país donde hay niños sin vacunas?
¿Dónde está la lógica de un Estado que recorta lo esencial y financia lo accesorio?
La deuda nacional se ha duplicado.
De 10 billones en 2018 a más de 20 billones hoy.
Y ahora, para pagarla, nos recortan lo que nos mantiene vivos.
La salud no puede ser moneda de cambio.
No puede ser sacrificada en nombre de una narrativa de bienestar que se sostiene con deuda.
En México, esta decisión tiene rostro: el del niño que no recibe su esquema completo de vacunación, el del adulto mayor que espera horas por atención y mala por cierto, el del médico que trabaja sin insumos.
¿Quién decide que un boleto de avión vale más que una vacuna?
¿Quién justifica que el agua mineral tenga impuesto, pero que el sistema de salud se quede sin recursos?
Esto no es solo un error técnico.
Es una traición ética.
Y hay que decirlo fuerte con todas sus letras.
Porque si no defendemos la salud hoy, mañana no habrá país que defender.
Y si no cuestionamos el modelo económico que premia la propaganda y castiga la prevención, estaremos condenando a México a una crisis silenciosa, pero devastadora.
El paquete económico no es solo un documento.
Es un espejo.
Y lo que refleja es un país que ha perdido el sentido de lo urgente, lo justo y lo humano.
