CARTA ABIERTA
La detención de Hernán Bermúdez en Paraguay ha abierto la puerta para que las especulaciones corran como pólvora, buscando arrastrar a Adán Augusto. Porque ahora resulta que la presunción de inocencia ha quedado relegada al rincón, juzgando más rápido en las redes sociales y en las columnas de opinión que en los juzgados.
El caso es que Adán Augusto ha emitido un comunicado donde reitera estar dispuesto a comparecer si así lo requiere la Fiscalía de Gertz Manero.
No es poca cosa que el coordinador en el Senado del partido oficialista abra de par en par la puerta de la investigación, pidiendo “cero encubrimiento” y que se llegue hasta las últimas consecuencias, incluso sobre la actuación de quien fue la cabeza de la seguridad en su gobierno.
¿Es acaso culpable Adán Augusto de lo que hizo o dejó de hacer Bermúdez? Porque, hasta hoy, no hay una sola prueba contundente que lo vincule con las supuestas operaciones del grupo criminal “La Barredora”.
Vaya, ni siquiera se ha acreditado de manera firme que el propio Bermúdez encabezara a dicho grupo. Todo lo que circula son versiones alimentadas desde los ‘Guacamaya leaks’ y las trincheras antagónicas de Morena, donde las luchas internas parecen más feroces que las que se libran contra la oposición. No se trata de exonerar a nadie por decreto, sino de esperar a que las instituciones hablen con pruebas en la mano. ¿Es mucho pedir?
¿Quién gana con este espectáculo anticipado de culpabilidades? Sin duda, aquellos grupos que quieren debilitar a Adán.
El caso Bermúdez se ha convertido en munición para la disputa intestina dentro del partido gobernante. Y mientras tanto, la opinión pública queda atrapada entre titulares y columnas que buscan moldear percepciones antes que los hechos (o pruebas, como pide Claudia Sheinbaum).
El fiscal Alejandro Gertz Manero tiene ahora una ‘papa caliente’: desenredar el expediente tras la captura de Bermúez. Claro, sin olvidar las posibilidades de que se convierta en testigo protegido de la propia Fiscalía…o que el Gobierno de Estados Unidos pida su extradición al régimen paraguayo, con quien guarda una excelente relación diplomática.
El exgobernador, por su parte, ya marcó una ruta: comparecer si se le solicita, someterse al escrutinio legal y exigir que todo se investigue. Esto, guste o no a sus adversarios internos y externos.
Ni el ‘hermano’ de AMLO ni Bermúdez son culpables hasta que un juez lo determine. Por eso, para apuntalar su posición de inocencia ante este escándalo, el exaspirante presidencial ha exigido, en su comunicado del sábado, “cero encubrimientos”.
Parece lo más indicado: en lo político y en lo legal.
: LA RÚBRICA
El mercado “Florentino Hernández”, de la colonia Gaviotas, es una muestra del mal uso de los recursos públicos. Con una inversión que superó los 156 millones de pesos, la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano, SEDATU, prometió una renovación, pero lo que entregó es un «elefante blanco» que lleva a la ruina a sus locatarios. Esta desventura, que algunos despistados o malquerientes han buscado endosarle equivocadamente al Ayuntamiento de Centro, recae sobre el entonces director de la SEDATU, Román Meyer. Desde la concepción del proyecto, la SEDATU mostró una preocupante desconexión con los beneficiarios. Ignoró las necesidades de quienes dan vida a un mercado, entregando diseños poco funcionales, locales sin agua corriente, con goteras y tuberías expuestas. De acuerdo a testimonios de varios medios nacionales y locales, el resultado fue una alteración arbitraria de sus espacios y el desprecio por su tamaño original, generando conflictos internos. La ejecución no fue menos desastrosa. Las constructoras, con sede en Guerrero, entregaron la obra con fallas y 17 meses de retraso. Los locatarios, al ocupar el espacio en mayo de 2023, encontraron un proyecto incompleto y deficiente. La SEDATU, bajo la dirección de Meyer, admitió «omisiones importantes» y destinó 1.5 millones de pesos extra para corregir lo que debió estar bien. Hoy, el mercado de Gaviotas está semivacío, con 101 de 152 comercios cerrados. Las ventas se han desplomado, llevando a los comerciantes a la quiebra. Este fracaso monumental, reflejo de una administración que falló en planificación y supervisión, tiene un solo responsable: Román Meyer. Como cabeza de la SEDATU en ese periodo, es el principal culpable de este derroche de más de 156 millones de pesos y del grave perjuicio causado a cientos de familias tabasqueñas… En el exedén, al igual que en el escenario nacional, la oposición política se encuentra en una preocupante decadencia que fortalece a Morena de cara a los comicios intermedios de 2027. Movimiento Ciudadano, que podría ser una alternativa viable, está sumido en una disputa interna entre dos facciones rivales lideradas por Pedro Jiménez León y Gerardo Gaudiano. Esta lucha por el control del partido se agudiza con la esperada renovación de la dirigencia estatal en noviembre, y lejos de proyectar unidad o fuerza, evidencia una división que debilita su capacidad electoral. Si a esto le agregamos que el dirigente Pedro Palomeque se ha echado en brazos del líder morenista del Congreso, Jorge Bracamonte, el panorama luce desolador para estas siglas. Por su parte, el PRI vive una situación de inmovilidad casi absoluta. Desde que el diputado federal Erubiel Alonso asumió el control con la nueva dirigencia estatal, el partido se ha convertido en un territorio sin brío, sin estrategia ni liderazgo visible que pueda revertir su declive en la entidad. Más que una oposición sólida, el PRI parece estancado, incapaz de articular una propuesta atractiva que atraiga a los votantes. Más, cuando Alito Moreno sigue en la idea de que su partido pierda el registro electoral ante el IEPCT. En este escenario sumamente debilitado también se encuentra el PRD, que no sólo perdió su registro político local, sino que se enfrenta a una profunda crisis ideológica y organizativa. La confusión derivada de su “nueva ideología política” ha dejado a sus cuadros y seguidores sin rumbo claro, minando su presencia y relevancia dentro del panorama político tabasqueño. Para Morena, esta fragmentación de la oposición es una verdadera bendición. Con un adversario debilitado y desorganizado, el partido en el poder se perfila para mantener y consolidar su dominio en las elecciones de 2027, donde se renovarán diecisiete alcaldías y el Congreso local. La ausencia real de una oposición fuerte presagia un futuro político sin contrapesos efectivos. Esta no es una buena noticia para los contrapesos del poder, para la pluralidad.
