CARTA ABIERTA
La posibilidad de una alianza entre el PAN y Movimiento Ciudadano está sobre la mesa, con todo y las resistencias internas, como una alternativa real para las elecciones de 2027 y, con visión más amplia, rumbo a 2030.
Que esta unión se descalifique con ironías y etiquetas tiene una causa: si el bloque opositor encuentra un camino sólido, Morena dejaría de jugar en terreno despejado. Y ahí está el punto: ¿por qué incomoda tanto la idea del llamado “MCPAN”? Porque, con todo y sus fisuras, es la única combinación que puede equilibrar la cancha político–electoral.
El PRI, por su parte, se ha convertido en un lastre más que en un socio. Las encuestas lo confirman: es el partido con mayor rechazo ciudadano. Aferrarse a él sería insistir en un matrimonio agotado, de esos que sobreviven solo por costumbre, pero que nadie celebra. PAN y MC lo saben, y aunque no se confiesen todavía, están ensayando un corte limpio. Parece que el expartidazo ya no tiene espacio para coaliciones, porque huele a rancio.
Claro, no es sencillo. El PAN carga con la estructura de un partido conservador que piensa en bloques de poder y gobernadores, mientras MC se vende como fresco, urbano, con un discurso dirigido a los jóvenes. ¿Pueden convivir estas dos almas bajo un mismo techo electoral? Y aquí vendrá lo difícil: ¿qué narrativa conjunta podrán construir para que no se perciba como una coalición forzada, sólo para cachar votos?
Las primeras señales son claras. En las recientes elecciones de Durango, el PAN mostró fuerza en zonas urbanas; en Veracruz, MC sorprendió con su crecimiento entre los jóvenes. La fotografía: cada uno aporta lo que el otro no tiene. El reto es que no se devoren entre sí. Y ahí es donde Morena observa con atención.
El nervio está expuesto: si PAN y MC logran un acuerdo serio, Morena tendría un adversario con narrativa moderna, menos desgastada que la de “Va por México”.
De ahí las descalificaciones que buscan ridiculizar lo que en realidad preocupa. Si esta alianza fuera tan absurda como se dice en el oficialismo, ¿valdría la pena dedicarle tantas líneas?
¿Será MC capaz de renunciar a su papel de “partido bisagra” para subirse de lleno a un proyecto nacional? ¿Podrá el PAN reconfigurar su identidad y aceptar que la juventud y el discurso ciudadano ya no están en su cancha?
De una cosa podemos estar seguros: la oposición no tiene margen para el error. Si PAN y MC no se entienden en 2027, Morena llegará a 2030 con la mesa servida. Si logran cuajar, en cambio, tendremos a un frente capaz de vencer a Morena.
Sólo así se entiende la descalificación en los círculos oficialistas.
