La Agenda en Red
Claudia Sheinbaum ha levantado la voz ante el mundo: lo que ocurre en Palestina es un genocidio. Lo ha dicho con firmeza, con razón, con humanidad. Pero mientras su voz cruza fronteras, en México hay gritos que no se escuchan, cuerpos que no se encuentran, madres que siguen escarbando la tierra con las uñas.
¿Qué nombre le damos a lo que ocurre aquí?
Más de 100 mil personas desaparecidas. Fosas clandestinas que se multiplican como si fueran parte del paisaje. Comunidades enteras desplazadas por el crimen. Niños asesinados, estudiantes ejecutados en Ayotzinapa, migrantes calcinados en Ciudad Juárez. ¿Eso no es también una forma de exterminio?
No hablamos de cifras. Hablamos de vidas. De hermanos, hijos, vecinos. De gente que tenía sueños, que iba al trabajo, que creía en este país. Y que hoy está muerta, perdida o silenciada.
La Cuarta Transformación prometió justicia, paz, dignidad. Pero las calles siguen llenas de sangre. Los abrazos no han detenido las balas. Y el Estado, que antes era omiso, hoy parece cómodo en su silencio.
No se trata de comparar dolores. Palestina merece toda nuestra solidaridad. Pero también merece que México sea coherente. Que la voz que denuncia allá, repare acá. Que el gobierno que exige justicia internacional, garantice justicia nacional.
Porque si no, ¿de qué sirve levantar la voz por otros pueblos si no somos capaces de escuchar el llanto del nuestro?
La dignidad no tiene fronteras. Pero la responsabilidad sí. Y empieza por casa señora presidente .
