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El 1 de octubre, Claudia Sheinbaum presentó su Primer Informe de Gobierno. Lo hizo desde el interior de Palacio Nacional, un recinto amurallado, protegido, y simbólicamente blindado. No fue en el Congreso, como marca la tradición republicana. No fue en un espacio abierto al escrutinio plural. Fue en el corazón del poder, rodeado de murallas físicas y políticas. Lo hizo con aplausos, no con cifras verificables. ¿Qué se dijo? ¿Qué se omitió? ¿Qué se repitió?
Las cifras que no cuadran a pesar de que se afirmó que 13.4 millones de personas salieron de la pobreza. ¿Nos preguntamos con qué medición? ¿Con qué corte? ¿Con qué fuente?
La afirmación de que “México es ahora el segundo país menos desigual del continente americano, sólo después de Canadá” fue hecha por la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, no citó ninguna fuente internacional ni explicó la metodología detrás de esa declaración. Pero que dicen los datos reales?
Según el Banco Mundial, en 2022 México tenía un coeficiente de Gini de 43.5, lo que lo ubicaba como el sexto país más desigual de América, detrás de Colombia, Brasil, Costa Rica, Ecuador y Paraguay.
El coeficiente de Gini mide la desigualdad en la distribución del ingreso: mientras más alto, más desigualdad. México ha tenido avances, pero no está en segundo lugar.
La frase presidencial no está respaldada por datos verificables. Es una afirmación política, no técnica. Y como bien se sabe la diferencia entre propaganda y política pública está en la evidencia.
Se presumió el cumplimiento de 26 compromisos. ¿Dónde están los indicadores? ¿Dónde están los informes técnicos?
Este no fue un informe: fue un acto de reafirmación política. Y eso, aunque legítimo en lo simbólico, no sustituye la rendición de cuentas claras.
Sheinbaum se presentó como heredera del proyecto de López Obrador. Lo dijo sin rodeos: “López Obrador está en el corazón del pueblo de México.” Pero gobernar no es repetir. Gobernar es asumir compromisos. Y este primer año, más que inaugurar una presidencia, pareció extender una narrativa sin someterla a escrutinio.
Por ello comentar lo que no se dijo, es necesario, por ejemplo no se dio una cifra sobre homicidios, desapariciones o violencia institucional. Sobre salud hubo silencio sobre el desabasto, IMSS-Bienestar o el colapso del sistema de atención primaria. El silencio ante lo más profundo e importante que reclama la sociedad fue una señal de un sistema sin consideración ni remordimientos.
No se mencionó nada sobre el enorme crecimiento en la deuda pública, el gasto en megaproyectos o transferencias opacas, a pesar del impacto económico que genera incertidumbre y desconfianza en el manejo de las finanzas del país.
Este informe no puede quedarse en el archivo de los eventos masivos. Debe ser contrastado, desmenuzado y traducido. Porque si el gobierno presume avances, la sociedad tiene derecho a exigir pruebas.
