LA AGENDA EN RED
Mientras el discurso oficial presume avances tecnológicos y “transformación digital”, en silencio se gestan mecanismos de control algorítmico que pueden decidir quién accede a becas, quién recibe atención médica, quién es perfilado como “riesgo” en seguridad pública. ¿Quién programa esos algoritmos? ¿Con qué criterios? ¿Con qué supervisión ética?
En México, el Senado y el Congreso analizan iniciativas para regular la inteligencia artificial. Se habla de innovación, de derechos digitales, de modernización. Pero lo que falta es claridad jurídica, mecanismos de auditoría pública y sanciones específicas contra el uso faccioso de la IA. No hay ley vigente. No se define qué es “uso indebido”. No se garantiza transparencia algorítmica. Y mientras tanto, los sistemas ya operan.
El uso faccioso de la inteligencia artificial no es una hipótesis: es presente. Algoritmos que favorecen intereses políticos en campañas o decisiones públicas. Sistemas que excluyen o discriminan sin supervisión humana. Bots que simulan consenso o manipulan opinión pública. Plataformas que vigilan sin consentimiento ni control ciudadano. Todo esto puede violar derechos fundamentales como la privacidad, la libertad de expresión, el acceso equitativo a servicios y la presunción de inocencia.
¿Quién garantiza que un algoritmo no te excluya por tu perfil digital? ¿Quién audita los sistemas que deciden si tu contenido es visible o si tu solicitud es “prioritaria”? ¿Quién protege tu derecho a no ser vigilado por una máquina sin rostro ni responsabilidad?
La ciudadanía exige algo más que promesas técnicas. Exige legislación con enfoque ético, auditoría pública de algoritmos usados por el Estado, sanciones claras por manipulación digital, y protección efectiva contra vigilancia algorítmica.
La inteligencia artificial puede ser herramienta de justicia o instrumento de opresión. Depende de quién la programe, cómo se supervise y qué derechos se protejan. La ciudadanía no puede quedarse fuera de esta discusión. Porque el poder sin control, aunque venga disfrazado de innovación, sigue siendo un abuso.
