Mientras una mujer latinoamericana, valiente y firme, recibe el Nobel. Aquí ni una palabra.
Mientras el gobierno mexicano guarda silencio ante el Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado —una mujer valiente, perseguida, símbolo de la resistencia democrática en Venezuela—, no duda en opinar sobre otros países cuando le conviene.
La presidenta Sheinbaum dijo que no comentaría el premio “por respeto a la autodeterminación de los pueblos”. Pero segundos después pidió la liberación de Pedro Castillo en Perú. ¿Entonces? ¿Autodeterminación selectiva?
La diferencia es clara:
María Corina ganó las elecciones junto a Edmundo González, y Nicolás Maduro los persiguió.
Pedro Castillo intentó disolver el Congreso y el Poder Judicial por decreto. Y su propio partido lo denunció.
México antes era refugio de quienes huían de dictaduras. Hoy, tristemente, parece que los protege. Se perdió esa política exterior que daba orgullo. Ahora se calla ante las injusticias… o peor: se aplauden.
Y mientras tanto, una mujer latinoamericana, valiente y firme, recibe el Nobel. Y aquí, ni una palabra.
