CARTA ABIERTA
En el altar de la “austeridad republicana”, aparece Óscar Cantón Zetina como un feligrés descarriado. Este senador tabasqueño, que se jacta de pertenecer a la 4T, presume una casa de 18.4 millones de pesos, la segunda más cara entre los legisladores de Morena.
Una residencia que, según sus declaraciones patrimoniales publicadas por El Universal, se suma a un conjunto de propiedades valuadas en 22 millones de pesos. La pregunta flota en el aire: ¿de dónde salió tanto dinero, senador?
Cantón Zetina representa la viva contradicción del movimiento al que dice servir. Se ha camuflado bajo múltiples siglas —PRI, PRD, PVEM y Morena— como quien cambia de camisa según la temporada. En cada partido ha dejado un rastro de denuncias, conflictos y acusaciones: venta de candidaturas, maniobras turbias en Quintana Roo, despojos familiares y presiones mediáticas para torcer decisiones judiciales.
Su historial político es una procesión de escándalos que lo pintan como un mercader del poder, siempre dispuesto a vender su lealtad al mejor postor.
Resulta casi poético, en el sentido más trágico del término, que este mismo personaje haya sido uno de los que aplaudió el aumento del IVA del 10% al 15% en 1995, aquella infame “Roqueseñal” que castigó a millones de mexicanos y hundió aún más la economía popular. Hoy, como morenista, posa de defensor de los humildes.
Sus constantes saltos de partido en partido revelan que su brújula moral apunta siempre hacia el poder, nunca hacia el pueblo. No extraña, entonces, que ahora sueñe con gobernar Tabasco en 2030. Sueño loco, sí, pero revelador: la ambición no tiene memoria, y menos cuando el cinismo se disfraza de aspiración.
Mientras la presidenta Sheinbaum pide humildad y sencillez, él pasea su opulencia con la naturalidad de quien cree que la moral es un accesorio opcional. Su fortuna al estilo Noroña, sin explicación, contradice los principios de la llamada transformación, desnudando la hipocresía de muchos que hoy predican pobreza ajena mientras disfrutan privilegios propios.
Óscar no representa ni renovación ni esperanza; representa la vieja escuela del político que usa la ideología como disfraz. Y aún así se atreve a soñar con la gubernatura.
: LA RÚBRICA
“No hubo atentado”, dijo ayer Harfuch en su comparecencia ante la Cámara de Diputados, para desmentir la columna de Raymundo Riva Palacio. Lo cierto es que pocos le creyeron al secretario de Seguridad, quien es el hombre de más confianza de Sheinbaum y del Gobierno de Estados Unidos. De ser cierto el episodio, ¿quiénes se creen con tanto poder para hacer algo así?
