¡De mi granja desaparecen mis animalitos de traspatio sin saber de qué manera!… ¡Algo muy misterioso y fuerte está sucediendo en el entorno de mi vivienda!… ¡Ya colocamos trampas y seguros, pero no es suficiente!… ¡Hay huellas de pezuña y luego de persona, por eso estamos aterrorizados!!!
Este es el caso de doña Francisca, quien por muchos años, y como lo manda la tradición sin ningún reglamento escrito, cría pollos, gallinas, pavos, patos y cerdos.
Al adentrarse en la narrativa de su historia, que vivió casi a finales del año pasado, doña Francisca, con su Rosario en la mano, muy nerviosa y tomando mucho impulso, asegura tener muy presente aquella amarga experiencia… que hoy tenemos el privilegio de conocer de manera exclusiva para este espacio periodístico.
Manifiesta con mucha alegría que ella vive en el medio rural de este municipio de Centro, y como cualquier mujer nacida en el campo, desde muy pequeña le enseñaron a criar aves de traspatio.
Y aclara que esa labor de atender a sus animalitos no es cosa fácil: es un entretenimiento algo cansado porque hay que comprar el maíz en la Conasupo, ahora Tiendas del Bienestar, que es más económico y nos ayuda en el gasto familiar. Hay que moler ese maíz para que esté «quebrado» y en condiciones para el consumo de los animalitos.
Por cuestiones de organización familiar, nos ayudamos en la crianza de estas aves para que, con las fechas programadas, podamos tener buena producción en los meses de octubre, noviembre y diciembre.
Pero inexplicablemente, sostiene doña Panchita, se le estaban perdiendo varios pollos, gallinas negras y hasta patos. Por lo tanto, habló con su hijo Antonio y acordaron construir varios espacios para cada variedad de animalitos, ya sea para pollos, gallinas, pavos y cerdos, porque los patos se acomodan en cualquier lugar donde estén cerca del agua, y acá tenemos algunos charcos… pero los más importantes, por su valor, son los primeros mencionados.
Doña Panchita estaba muy contenta con esos resguardos para sus animalitos, de los que creía tenerlos ya asegurados porque se aproximaba la fecha de venta, pero también de muchos robos por la temporada alta de su cotización por el Día de Muertos, para los tamales, o en diciembre con las fechas navideñas.
Afirma doña Panchita que por las tardes hacía el recuento de los que dejaba libres por unas horas al pastoreo y checaba los del sistema de engorda.
Casi a finales del mes de octubre y próximo a noviembre, por las noches, ya durmiendo, sobre el techado se dejaba caer una especie de pájaro, porque en las láminas de zinc-tro-alum… perfectamente se escuchaban las pezuñas que rasgaban el metal en la parte exterior de mi hogar.
Esta situación fue durante dos días, y yo evité que saliera mi hijo, porque no es correcto salir de la casa en las altas horas de la madrugada… en la oscuridad hay muchas veces malas energías o cosas desconocidas que pueden afectar la salud y la seguridad… por eso en el campo se dice comúnmente que… el que no quiera ver visiones, que no salga de noche.
Esos dos días notamos la falta de algunas gallinas criollas, conocidas como «nuca pelada», y también gallinas negras bien gorditas… sin saber cómo desaparecieron.
La señora Francisca asegura no haber dormido ni ella ni su hijo, porque la preocupación había aumentado y querían salir de dudas por ese suceso nocturno sobre el techado de la casa.
Ya con la claridad de la mañana, tanto doña Panchita como su hijo Antonio, con machete en mano, salieron y comenzaron a revisar los dobles cerrojos con candados y otros trucos de amarre con alambre en las puertas de «los encierros»… que precisamente habían colocado para mayor seguridad… pero esas medidas estaban intactas… ni destruidas ni alteradas… pero sí notaron en el recuento la falta de varios animalitos.
Insistieron en buscar el método del o los rateros y, sin ser expertos en rastreo en la tierra… notaron huellas sobresalientes en el patio de tierra y se observaban las huellas de unas pezuñas como de pájaro… le dieron seguimiento y estas luego se transformaron en pasos de un ser humano… de alguna persona, y están registrados perfectamente.
Doña Panchita, como buena creyente de su religión católica de que en la vida hay cosas buenas y también muy malas, dio instrucciones a su hijo Toño de quedarse en la propiedad para cuidar a las demás aves de traspatio y ella le aseguró ir con su comadre Yolanda, que es practicante de la brujería. De regreso a su casa le mostró los escalofriantes rastros de un supuesto pájaro desconocido y el cambio a huellas de un individuo sin identificar.
Las señoras Francisca y Yolanda se fueron al mercado y compraron diferentes hierbas como albahaca, romero, ruda, y una bolsa nueva de sal, que sería todo colocado alrededor de la granja, así como regar abundante Agua Bendita.
Pero también, dentro de las indicaciones, incluyó rezar varias oraciones en los momentos en que ese pájaro descendiera sobre el techado de la vivienda.
Así se cumplió al pie de la letra, y aquella enigmática y terrorífica presencia desconocida nunca más volvió a asustar a doña Francisca, su familia, ni a robarle los animalitos, porque según asegura la bruja Yolanda, el responsable de estas irregularidades era un brujo que se llevaba las gallinas negras, tal vez para hacer «sacrificios» en algunos trabajos de encargo.
Doña Panchita dice que, en lo que va de este año, aumentó su producción avícola y porcina, y aunque lo piensa mucho, se siente confiada en la protección esotérica que tiene como escudo en la periferia de su ranchito… y así pueda estar tranquila y en paz con su crianza de animalitos de traspatio este fin de año.
Quienes creen saber de estos fenómenos paranormales, consideran que en estas fechas muchas personas acostumbran a hacer travesuras a sus vecinos, familiares y, en algunos casos por envidia, hacer fracasar en su emprendimiento a los demás.
¿A usted le hicieron brujería por mal de amores o para hacer fracasar en su negocio?… ¿Cree usted en estas circunstancias de lo desconocido y el esoterismo?… ¿Sería usted capaz y por envidia de hacer maldad a su vecino?
