Estimados paisanos:
En estos días se cumplen 14 años de la gran inundación del 2007 que ocasionó un enorme daño a la economía y al medio ambiente, destruyó patrimonios y sueños, paralizó proyectos de vida y pospuso propósitos familiares y empresariales, con miles de damnificados que quedaron marcados para siempre.
Vimos como el agua les llevaba la vida.
Todos conocimos muchas historias que cuentan actos heroicos que muestran que nunca nos dimos por vencidos y otras de supervivencia, dolor y lágrimas de nuestro pueblo que viví de cerca cada vez que subíamos damnificados a los helicópteros, pero también de una gran solidaridad de una población hermanada por la tragedia.
Hoy me propongo contarles una por la que agradezco a la vida y a Dios haberme dado la oportunidad de estar ahí y poder narrárselas.
Estaba en mi oficina como Secretario Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública siguiendo los pormenores de las lluvias, cuando se me pide facilitar la logística y apoyo para recibir un contingente de 3000 elementos de las fuerzas federales con equipo aéreo, acuático y de rescate para apoyarnos en la contingencia.
De inmediato nos reunimos y el primer paso que dimos además de ubicarlos en los alrededores de la Ciudad Deportiva y en la avenida 16 de septiembre, fue hacer un vuelo de reconocimiento en un helicóptero M1 sin puertas ni cristales en las claraboyas para darnos una idea de las afectaciones.
La impresión que recibimos al ver Villahermosa y sus alrededores materialmente en el agua fue verdaderamente impactante, era la catástrofe en toda su extensión, es una imagen que se quedó conmigo para siempre.
A partir de ahí, tomamos literalmente el Velódromo de la Ciudad Deportiva y organicé una estrategia para recurrir a todas las áreas de protección civil de los estados de la república para pedirles su apoyo con equipo aéreo y lanchas para rescatar a nuestra gente, como también nos empezamos a coordinar con el ejército y la marina para toda la operación.
La respuesta fue extraordinaria, llegamos a contar en dos días con más de 30 helicópteros de todo tipo, los había desde enclimados hasta de los Bell de la guerra de Vietnam, con especialistas en rescate y hasta un operador de tierra para dirigir el tráfico aéreo coordinado con el Aeropuerto de la Ciudad de Villahermosa, así se constituyó el Centro de Rescate Aéreo del Velódromo de la Ciudad Deportiva, además de los que operaba la Marina y el Ejército en los campos de futbol y la explanada.
Ustedes vivieron todo eso, vieron como circundaban el cielo de la ciudad las llegadas y salidas de estos aparatos, parecía que estábamos en guerra y a lo mejor si en contra de la catástrofe, por fortuna nunca tuvimos un percance y hoy se lo podemos narrar.
Ya en tierra se armó toda una logística para cargar los helicópteros con alimentos, agua y material de salud y primeros auxilios; a su regreso había ya un operativo para recibir a los cientos y miles de damnificados con personal de la marina y de la Cruz Roja para auxiliarlos, se les organizaba en las gradas del campo de futbol y se llevaba un registro para poder ser localizados, de ahí se transportaban a los albergues. Todo funcionó muy bien.
Todo esto no hubiera salido bien sin la participación de muchos ciudadanos que se organizaban las 24 horas para dotarlos de apoyo moral, ropa, colchas y alimentos sobre todo de comida caliente de las Colonias del Bosque, José María Pino Suárez, Pensiones, Cd. Deportiva, La Ceiba y el Fraccionamiento Guadalupe; familias enteras se entregaron sin escatimar recursos y tiempo para solidarizarse con los recién salidos del agua.
En toda esta historia hay muchos héroes, pero quiero destacar a dos que se jugaron materialmente la vida en el rescate aéreo además de su entrega total a nuestro pueblo, al Comandante de la Policía Federal Daniel Montiel Ortiz jefe del contingente y al Delegado de la Cruz Roja el Dr. Rubén Padrón Magaña un tabasqueño excepcional.
En lo personal, además de ser el responsable de coordinar la operación en el velódromo con todas las instancias federales y locales participantes, lo que mejor me llevo de esta gran experiencia fue el participar directamente en las operaciones de rescate a través de los helicópteros.
El saber que muchas vidas estaban dependiendo de lo que uno hiciera por ellos, jugándonos la nuestras en un sinfín de operaciones aterrizando en puentes, carreteras, techos, bordos, isletas y a ras del agua para sacarlos cuando era materialmente imposible de aterrizar, así como sobrecargando helicópteros con 75 o más personas cuando solo tenían cupo máximo de 25, hoy son el mejor de los recuerdos de toda mi vida.
Solo hubo un momento que hasta hoy me entristece, cuando hacíamos los últimos vuelos de la tarde como a las 6 o 7 y veíamos en el horizonte cientos o quizá miles de lucecitas en las casas bajo el agua a través de velas, veladoras o fogatas que las gentes prendían para decirnos que estaban ahí para irlas a rescatar, pero que nosotros sabíamos que era imposible ir por ellas porque las normas de seguridad que nos aplicaban del aeropuerto de Villahermosa nos lo impedían. Eso si dolía.
Cuando uno es niño siempre sueña en hacer cosas extraordinarias para ayudar a los demás o como salvar vidas en situaciones de riesgo y eso intenté, hoy se los puedo contar.
