¡Nos quedamos trabajando muy tarde en la madrugada y algo raro nos asustó!… Dicen que son días de guardar, pero la necesidad nos llevó a faltarle el respeto a las Benditas Ánimas!… ¡Este año no vuelve a suceder para evitar sorpresas escalofriantes y muy terroríficas!
La historia de hoy está a cargo de la señora Juana, quien es una conocida mujer por la elaboración de sus ricos tamales y sabrosas maneas.
Doña Juanita es muy solicitada durante todo el año, porque en su comunidad, donde vive con sus hijos, la consideran una ama de casa con marcada honorabilidad, responsabilidad y respeto ganado a pulso en base a su trabajo perseverante.
De tal manera que nuestra entrevistada se ha ganado la buena fama en toda la comarca con el buen sazón de la elaboración de los ricos tamales de masa colada con una o dos presas, ya sea de pollo, gallina o costillitas de cerdo. Y no puede dejar de un lado las sabrosas maneas blancas o coloradas con chipilín con pollo o cerdo.
Dice doña Juanita que ella sabe mucho de la gastronomía tabasqueña con el auténtico sabor casero y también para estas fechas hace el clásico pibipollo horneado y otros platillos más.
Argumenta que en su familia ya habían hecho los tamales y maneas correspondientes del día primero y dos de noviembre para venerar a los fieles difuntos y las Benditas Ánimas.
De pronto, ese primero de noviembre tocaron a la puerta ese mediodía, y fue una señora quien dijo traer la recomendación de unas amigas de la ciudad, quienes en una ocasión le habían invitado de sus ricos tamales y maneas en una reunión del trabajo.
Pero tenía un apuro familiar, porque su señora madre se había comprometido con unas vecinas y hermanas a dar tamales y maneas en un compromiso luctuoso, pero el problema fue que se le descargó la batería de su celular y no le pudo avisar con tiempo para ver con quién hacía ese encargo.
Fue hasta que dicha señora llegó a su casa que su progenitora le contó del compromiso.
Entonces recordó a aquellas amigas y así fue como dio con doña Juanita, quien primeramente se había negado a hacer ese trabajo porque ellos ya tenían su dotación con anticipación y así respetar a las Ánimas, porque ya no son momentos de hacer otra cosa que adornar sus altares y entregarse a la oración y recordar a sus familiares ya idos de este mundo terrenal.
La desconocida fue muy insistente y hasta le rogó y suplicó a doña Juanita, a quien le encargó una dotación grande de tamales y maneas, además de que el pago era muy atractivo duplicando el costo real.
Doña Juanita hizo hasta lo imposible para evitar ese trabajo, y aunque esa era su especialidad, decía que no quería faltarle el respeto a las Animitas sagradas.
Tomó de pretexto válido que tenía que ir a la ciudad o a la villa más cercana para comprar la masa, pollos, carne, chipilín, las hojas de plátano y uno que otro ingrediente. A lo que dicha mujer se mostró accesible y se ofreció llevarla a donde compraría todos los ingredientes para elaborar su encargo de la mamá.
El caso fue, nos dice en su narrativa doña Juanita, que ya no me pude hacer para atrás y, al consultar con su hija e hijo, ellos se comprometieron en ayudarla para hacer más rápido el trabajo y no los agarrara la medianoche, porque el encargo era para el día siguiente a las 10 de la mañana.
Los tres se organizaron: uno a limpiar las hojas de plátano y cortarlas, atender el chipilín, luego cocer los pollos, deshebrar la carne de cerdo, seleccionar y licuar los ingredientes para el guiso… Todos en plena actividad sin punto de reposo hasta pasar por envolver los tamales y las maneas.
En ese quehacer estaban cuando de pronto les tocaron la puerta insistentemente. Julio, el hijo de doña Juanita, echó una carrera para ver de quién se trataba. ¡Sorpresa!… ¡No había nadie en el exterior de la casa!
Pasó el incidente como alguien que se equivocó. Pasados cinco minutos y ahora le tocaron en una ventana. Acudió María, su hija, y abrió, pero tampoco había nadie.
Ya a estas alturas de la noche del mismo día primero de noviembre, cae una olla que estaba colgada en un tronco de la cocina. De acuerdo a sus posibilidades, doña Juanita deja de envolver tamales y levanta el objeto caído y le extraña porque horas antes la había sujetado con un alambre, y sin explicarse cómo se desató y se precipitó al suelo.
Como toda mujer madura y forjada en los vaivenes de la vida, pudo comentar en voz baja para no alarmar a sus hijos: ¡Esto ya no es normal!… ¡Algo me dice que fue indebido hacer este trabajo en estas circunstancias de la proximidad del Día de los Muertos!
Para no alarmar a Julio y María, doña Juanita les recomendó no parar y seguir de frente hasta culminar, colocando toda la producción de tamales y maneas en las vaporeras y estas en los fogones ardiendo con leña de tinto.
Mientras se registraba ese proceso que casi culminaba por la experiencia y la capacidad de ellos tres, doña Juanita se puso a rezar el Padre Nuestro, el Ave María e invocando a la Virgen de Guadalupe permitiera terminar lo antes posible sin mayores sobresaltos.
Concentrados estaban totalmente doña Juanita, María y Julio cuando de pronto escucharon un fuerte golpe en el techo de lámina de la cocina, y esta tercia de seres humanos al mismo tiempo miraron para arriba. Luego escucharon claramente el ruido que hacían dos sillas del comedor al ser arrastradas. Los perros callejeros y de la familia se unificaron en fuertes y constantes ladridos.
Momentos de pánico estaban viviendo esta familia trabajadora, a lo que doña Juanita fue aumentando el tono de su letanía a todos los Santos. Decibeles que por obvias razones María y Julio estaban impresionados, con sus ojos exageradamente abiertos en gesto de asombro y admiración por el valor que ejercía en esos instantes su madrecita Juanita a manera de protección y escudo entre ellos.
Suavemente esas manifestaciones extrasensoriales se fueron apaciguando y la tranquilidad lentamente volvió a este humilde hogar… ¡Y en eso terminó ese terrible momento de zozobra!
Los tres esperaron el tiempo del cocimiento de los tamales y maneas, acomodaron las vaporeras en lugar seguro y se fueron a descansar para estar atentos para entregarle a la señora recomendada su encargo en el Día de Muertos.
Quienes creen saber de estos fenómenos paranormales consideran que el sufrimiento de esta familia fue porque, involuntariamente, trabajaron muy tarde y se empataron las últimas horas del día primero con las del día dos de noviembre, y es cuando, según las costumbres ancestrales de la cultura mexicana, llegan las Benditas Ánimas a visitar a sus familiares.
¿A usted ya le tocó una experiencia igual, trabajar en la madrugada del dos de noviembre?… ¿Usted no ha visto a ninguna Ánima y no cree en esas leyendas?… ¿Le gustaría que se le aparecieran y se les manifiesten como a estas tres personas?
