Vector X
@vidal_38
A la memoria de mi padre, don Antonio Vidal Cruz, al cumplirse mañana 5 años de su partida
En su libro *“Mis memorias de la Villahermosa antigua”*, mi padre recreó historias, anécdotas y leyendas de su ciudad natal. Compartió recuerdos de infancia y juventud, su diario caminar por el centro de Villahermosa y sus alrededores, por el malecón, calles, callejones, andadores y mercados.
Vidas de personas y personajes quedaron plasmadas en su obra que vio la luz cuando él, cosas de la vida, había regresado a la casa del Padre.
Era un hombre charla amena, interminable, salpicada de buen humor. Cronista hechizo, conocedor de su época. Contagiaba entusiasmo y despertaba en los demás el interés por la Villahermosa que vivió, disfrutó y amó.
Con el negro de su tinta pintaba de colores aquellas historias traídas a tiempo actual por el generoso don de una memoria privilegiada.
Hoy, en ocasión de estos días antes considerados _de guardar_, retomo tres leyendas sobre lloronas y otros decires del villahermosino de los años 30’s y 50’s.
Llorona pícara
“Por el Paso del Tileco a la altura de la calle Independencia, todas las noches, a eso de las once, aparecía una llorona así conocida en esa época.
“Nadie sabía el sitio exacto, pero a decir de los vecinos el primer grito lo daba en la esquina de ese paso con Independencia; el segundo en la esquina de Vicente Guerrero con Ocampo, el tercero en Ocampo y el Paso del Centenario –casi frente al domicilio donde yo vivía- y luego desaparecía a la altura donde se encuentra hoy el crucero de Ocampo y Paseo Tabasco.
“Después se supo que en ese lugar entraba a una casa donde una dama estaba esperando a ‘la llorona’. Se dice que era un hombre vestido de mujer que aprovechaba ese horario para hacer una visita clandestina».
Llorona traviesa
“Como dato curioso recuerdo que en la época del gobierno garridista se hizo frecuente la aparición nocturna de ‘La llorona’ en algunos rumbos de la ciudad. Una salía en la calle Doña Marina, hoy Doña Fidencia.
“Cierta noche los vecinos se unieron y armándose de valor atraparon a ‘La llorona’ y fue entregada a la policía. Se supo entonces que era un hombre que se divertía atemorizando a la gente. Enterado del hecho, el gobernador Tomás Garrido ordenó se le paseara en calzoncillo a las cinco de la tarde, dándole vueltas en Plaza de Armas arriba de un carretón –carreta grande de tracción animal- según para escarmiento y que el tipo aprendiera a respetar a la sociedad».
Iguala y el hueso de muerto
“Antes, a la calle Iguala se le conocía como la calle de la canilla aunque con el tiempo le cambiaron el mote por “La calle de yerbabuena”.
“Va la historia: una lavandera planchaba de noche y le recomendaron no hacerlo en día de muertos, pero no respetó el consejo y como a las 11 de la noche, previo al día dos de noviembre, estaba dedicada a su labor de planchar ropa cuando escuchó murmullos provenientes de la calle, se asomó y eran varias personas que caminaban en fila vestidas de blanco, cada una con una vela encendida.
“Una de ellas se separó del grupo, se dirigió a la señora y le pidió que le guardara una vela, que luego pasaría a recogerla. La señora la guardó en un baúl entre la ropa.
“Al día siguiente fue a ver la vela que había guardado y era una canilla de cadáver. Del susto se enfermó y con dificultad la curaron. Por eso a partir de lo ocurrido la gente le cambió el mote de la calle de yerbabuena por la calle de la canilla».
Hasta aquí tres historias, tres, de la Villahermosa antigua.
Y como dijera el maestro Leduc _“Nos vamos de este mundo/ con moderado dolor/ este mundo ya es inmundo/ a ver si el otro es mejor”_.
Sígueme en X: @vidal_38.
