Desde acá
UNO. Ah, divinas etimologías grecolatinas impartidas por el catedrático Valeriano Ruiz y Ruiz, Presbítero de La Conchita. Ejem…ejem.. Celular: proviene del latín cellula que significa pequeña celda o cuarto pequeño. El término también se aplica a los teléfonos, obvio, “porque la red de comunicación está organizada en malla de células.”
DOS. Necesario del todo averiguarlo en prevención de dos vicisitudes: depender del celular, o que éste dependa, por buen uso, del usuario.
TRES. Ni el más tirado a la calle está privado del binomio inteligencia-pensamiento.
CUATRO. La inteligencia, se tiene por sabido, permite elegir: verbo que es de permanente conjugación y, desde luego, optativo.
CINCO. El pensamiento refuerza a la inteligencia, vale, no a la defensiva sino como ingrediente que le asiste, oportuno, en la toma de decisiones.
SEIS. El ser humano crece que crece desde su nacimiento. Es sobre el camino de días y años como podrá organizar cada valor –bueno, malo- para, al fin y al cabo, hacer balances que “le den sentido a la existencia”. Si, balances en virtud de que la elección tiende a ser sucesiva.
SIETE. De lugares comunes, pues, están plagados andares del hombre –y, se dice ahora, de la mujer, o para peor: de los y las…
OCHO. Entretanto, dentro de esos lugares comunes toma certificado de mandamás el celular. Y no sólo en lo tocante a su infraestructura, también habitantes de la morada.
NUEVE. A tal grado que, parodiando a nuestro respetable Himno Nacional, puede corearse que por lo menos “un celular en cada hijo te dio…” Pues que algunos usan dos o tres.
DIEZ. Bienvenida la tecnología y su nuevo lenguaje, a condición de no sustituir el regalo precioso de estar vivo; es decir, de poner, desde la infancia a la vejez, el toque personal que nos hace depositarios de razón y naturaleza.
ONCE. Dotes de que estamos provistos por lo general, toda proporción guardada.
DOCE. En nivel creciente, caer en la tentación del celular se ha vuelto pan nuestro cotidiano.
TRECE. En hogares se platica menos porque cada cual jala por su lado, absorbida la mente de niños, adolescentes y adultos por sendos celulares. (Ojo: sendos significa uno para cada uno, conste).
CATORCE. El caso es que el problema que entraña la dominancia a dos manos de celulares está fuera de control.
QUINCE. Ha echado raíces dentro y fuera de “la sagrada familia”.
DIECISEIS. Mira usted pasar a una persona con el teléfono al oído, caminando a cabeza baja.
DIECISIETE. Mira usted a niños de dos años, encelurados digo yo.
DIECIOCHO. Mira usted en salones de clases a educandos de caritas somnolientas por obra y gracia del parrandero celular.
DIECINUEVE. Caray, diríase, es que no nos adaptamos a cada tiempo.
VEINTE. Claro que nos adaptamos, a riesgo de ser usados y sustituidos por celulares.
