¡Espléndido jueves!
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@vidal_38
Vivimos tiempo de austeridad que se confunde con pichicatería.
No es nuevo. Cuando gobernó el país Adolfo Ruiz Cortines, un periodista amigo suyo le expuso un problema que sólo podría resolverse con la autoridad y el poder presidencial.
Pasados los días, el interesado recordó el encargo a su amigo quien, sacando de la bolsa de su camisa una pequeña libreta de apuntes, respondió con seriedad: “Mira, aquí te llevo anotado, no se me olvida”.
En tres o cuatro giras posteriores, el periodista insistió al Presidente quien siempre recurría a su libretita para repetirle: “No se me olvida, aquí te llevo anotado”.
Víctima de la política del trompo, el reportero recetó en su columna: “El Presidente es tan tacaño pero tan tacaño que para no darle de comer a los perros de Los Pinos, él sale a ladrar a medianoche”.
Es la forma y el engaño lo que duele, confesaría después, según la anécdota contada a sus pares. Es la austeridad simulada, la codicia, el falso discurso. La buena fe, en cambio, enaltece al hombre, bendice la nobleza del corazón.
Caso diferente es la benevolencia universal ilustrada de manera magistral por Robert Fihser en una de sus novelas donde aparece un robusto árbol de hermosas y rojas manzanas jamás vistas por un caballero de armadura, protagonista de la historia.
El Mago Merlín explica entonces a El Caballero la diferencia entre la ambición de la mente y la del corazón: la primera pretende cosas materiales, la segunda busca la felicidad.
Por eso el manzano – relata Merlín palabras más, palabras menos- es tan frondoso y fértil que da frutos a todos, porque cuantas más manzanas toma la gente, más crece y es más hermoso. Su generosidad lo hace grande para beneficio de todos.
«Lo mismo sucede con las personas que tienen ambiciones del corazón», profundiza el mago.
Y sí, bendecidos quienes tienen ambiciones de corazón, no de poder ni de dinero, esos son, dirían en Palenque, ambiciosos vulgares.
La Morralla
Jorge Abdó dio cátedra con Emmanuel Sibilla. Hombre brillante en la docencia, servicio público y en la cultura. “Hay que ponerle mordaza a la angustia”, dijo entre otras geniales reflexiones… En Cárdenas, el alcalde hace milagros. Anunció que en un año pavimentó 100 kilómetros con asfalto, o sea uno cada tres días y a precio de ganga: un millón 200 mil pesos por kilómetro. Miénteme una eternidad que me hace tu maldad feliz Sígueme en X: @vidal_38.
