CARTA ABIERTA
El PRI en Tabasco amanece con un aroma a incienso quemado y una corona de espinas navideña que pocos se atreven a cuestionar en público. Miguel Barrueta parece haber entregado las llaves del edificio de 16 de Septiembre a Erubiel Alonso (quien actúa con la soltura de quien ya se siente dueño de la casa).
Se produce un fenómeno curioso: el antiguo crítico, ese que señalaba las formas oscuras de Alonso, ahora prefiere el refugio de sus brazos. ¿Cómo se explica que un liderazgo joven, con futuro, sucumba tan rápido al canto de las sirenas de un personaje cuya estela solo registra saldos negativos?
La realidad golpea con la frialdad de los números. Erubiel ostenta un historial donde la derrota es la única constante. Se recuerda su paso por la dirigencia estatal durante el sexenio de Arturo Núñez (época en la que el tricolor se desmoronó entre sospechas de entreguismo al poder estatal de entonces). Luego, su labor como delegado del Comité Ejecutivo Nacional dejó un rastro de cenizas en Campeche y Quintana Roo, donde el partido incluso vio esfumarse su registro legal. Con estos antecedentes, resulta asombroso el respaldo ciego que recibe de ‘Alito’ Moreno.
Se ve a un diputado federal que camina por el estado dando órdenes, asistiendo a posadas de otros colores y emitiendo juicios sobre alianzas futuras con una autoridad que Barrueta ya no ejerce. El plan parece trazado: arrebatar la candidatura a la alcaldía de Centro a Fabián Granier, a quien los números le favorecen muy por encima del empresario llantero.
¿Acaso creen que el electorado olvida las facturas del pasado? El riesgo es real: si Alonso se sale con la suya, el PRI camina directo al precipicio del perder su registro ante el IEPCT. ¡Es una condena de muerte para las siglas!
Esta metamorfosis interna solo augura un desenlace sombrío. Erubiel habla de rescates y defensas del pueblo frente a Pemex, pero el discurso se siente hueco cuando quien lo encabeza tiene los números en contra.
¿Quién salvará al partido de este hombre disfrazado de un bondadoso Santa Clós? El regalo de Navidad para la militancia tabasqueña es un árbol que huele a extinción en 2027.
:LA RÚBRICA
¿Es Omar García Harfuch el hombre capaz de someter a los grupos criminales? El diario The New York Times lo retrata como el rostro de la ofensiva más agresiva en una década, un arquitecto de la seguridad que duerme cerca de su escritorio tras sobrevivir a un atentado. Su figura emana un mando directo, avalado por cifras que buscan proyectar eficacia: 39,000 detenidos y miles de laboratorios desmantelados en catorce meses. Se percibe un cambio de ritmo en el tablero nacional que intenta apaciguar las dudas en Washington.
En el edén tabasqueño, esta estrategia encuentra su extensión mediante perfiles de absoluta confianza. El control de la situación descansa en un engranaje donde el fiscal Óscar Tonatiuh Vázquez Landeros y el titular de la policía, Serafín Tadeo Lazcano, actúan como piezas de un mismo motor. Se advierte una línea de mando vertical (sin fisuras aparentes) que busca replicar el modelo de la capital en el sureste. Este reconocimiento estadounidense lo coloca como el hombre con más peso detrás de la presidenta Claudia Sheinbaum y un sólido prospecto presidencial.
